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Foniatría: Nivel y Forma del Lenguaje

Escrito por Administrator el . Publicado en Foniatría

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Lenguaje

 

 

 

Nivel y Forma del Lenguaje

 

 

 

El lenguaje constituye uno de los mayores retos en la educación de los niños y personas con síndrome de Down. De hecho, expertos en el lenguaje y la comunicación han puesto de manifiesto que sus habilidades lingüísticas no van a la par con sus otras habilidades cognitivas. A pesar de este retraso, todas las investigaciones apuntan al principio de normalidad, es decir, a que el desarrollo del lenguaje en el síndrome de Down sigue las mismas secuencias y establece las mismas estructuras mentales específicas que en el resto de la población. La diferencia está en que el desarrollo es más lento, a menudo queda incompleto, y no todos sus componentes avanzan con un mismo ritmo. (Rondal, 2001) (Miller, 2001).

Una de las características más importantes de su lenguaje son las diferencias existentes entre su capacidad de comprensión y su capacidad de expresión. Es decir, su dificultad mayor está en la producción del lenguaje, en su capacidad para expresarse.

Así, en ocasiones las personas con síndrome de Down tienen problemas con la morfología. La morfología, dentro de la semántica, hace referencia a los elementos individuales del lenguaje que, unidos a otros, nos dan diferentes tipos de información. Por ejemplo, una "s" unida a casa nos indica plural (casas). Los morfemas indican, además del número, el género o los tiempos verbales. Los niños aprenden la morfología de manera inconsciente, a la vez que hablan. Sin embargo, a veces los niños con síndrome de Down tienen mayores dificultades porque les resulta difícil discriminar algunos de estos fonemas, como la s del plural, debido a sus dificultades en la audición; otras veces, es debido a que no pronuncian los sonidos finales porque les cuesta más trabajo. Por otro lado, hay ciertos morfemas difíciles de enseñar, como que in- indica negación, o que -ando es el indicativo del gerundio. El mejor modo de aprendizaje es mediante la práctica, por lo que se deben facilitar al niño experiencias en las que introduzcamos variaciones de este tipo. Por ejemplo, al jugar con él, decimos: "Mira, voy a empujar esta pelota. La estoy empujando, ¿has visto? La he empujado y se ha caído."

Sin embargo, una de las mayores dificultades con que se enfrentan las personas con síndrome de Down es la sintaxis, es decir, la gramática o las normas que rigen la forma del lenguaje: por ejemplo, el orden de las palabras en una frase, las frases complejas, las interrogaciones, etc. Los pronombres, el uso del pasado o la concordancia entre el sujeto y el verbo son otras de sus dificultades más importantes. Se ha demostrado que la lectura se ha convertido en un valiosísimo recurso para ayudar a los niños a interiorizar las reglas de la sintaxis.

 


En cuanto a la pragmática, definida ya en un apartado anterior, también se encuentran a veces dificultades. La pragmática, considerada como comunicación de la vida real, se aprende con la práctica y está íntimamente relacionada con aspectos culturales y sociales. A veces los niños con síndrome de Down tienen dificultades con el contacto visual, con las distancias interpersonales, o al iniciar o mantener una conversación o un tema concreto. Todo ello debe trabajarse desde pequeños, siendo los mejores modelos los padres, que han de poner al alcance del niño diferentes experiencias con diferentes posibilidades de interacción y comunicación con otras personas, tanto conocidas como desconocidas.

 
 

¿A qué se deben estas peculiaridades en el lenguaje de las personas con síndrome de Down?

 
 

Para contestar a esta pregunta, es necesario hacer una revisión a las características perceptivas, sensoriales, físicas y cognitivas de las personas con síndrome de Down.

 

En primer lugar, muchas personas tienen problemas auditivos o visuales que dificultan tanto la audición como la visión. Además, es posible que aunque sensorialmente reciban ese estímulo auditivo o visual (es decir, sean capaces de oírlo y de verlo), no lo perciban de manera adecuada, es decir, no le dan el significado que tiene. Así, un niño puede oír el timbre de la puerta, pero no entender con ello que alguien está llamando detrás de la puerta.

En segundo lugar, existen capacidades cognitivas que intervienen decisivamente en la adecuada adquisición del lenguaje y que a veces están afectadas en los niños con síndrome de Down: les cuesta realizar generalizaciones, su memoria auditiva a corto plazo es menor, el procesamiento y comprensión de lo que oyen es más lento, tienen dificultades para seleccionar una palabra determinada, y su pensamiento abstracto, en general, es más limitado.

Todos estos factores hacen que las personas con síndrome de Down tiendan a desarrollar un lenguaje más concreto en cuanto a su contenido, contenga frases más cortas y su gramática conste de frases más simples. Todos estos aspectos pueden hacer que la comunicación sea menor, no simplemente por estas dificultades, sino como consecuencia de la retroalimentación que reciben: "como no me entienden, no hablo y no me comunico".

 

Por todo ello se puede afirmar que el lenguaje del niño con síndrome de Down suele tener un nivel inferior al de su capacidad o nivel intelectual. Con otras palabras, si atendemos sólo a su lenguaje, pensaremos que tiene un déficit intelectual mayor del real. Esto no ocurre en otras personas con otro tipo de discapacidad intelectual.

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