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Pediatría: MENINGITIS

Escrito por Administrator el . Publicado en Pediatría

 

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 Meningitis

El diagnóstico de meningitis es causa de temor justificado, tanto de parte de los padres y familiares, como entre amigos y compañeros de escuela, sobre todo por el riesgo que pueden tener los pacientes de fallecer o presentar secuelas permanentes, y por la posibilidad de contagio.

Es muy frecuente que los pediatras recibamos llamadas de parte de madres y padres, preguntando qué hacer cuando algún niño conocido tiene meningitis, cómo evitar el contagio, cuál es el riesgo verdadero de contagio, y consultando si pueden visitar al niño enfermo o a su familia.

Niños con meningitis, la mitad de ellos con meningitis bacteriana y la mitad con meningitis viral. Tres de los niños con meningitis bacteriana fallecieron, y ninguno de los que presentaron la forma viral. Estas cifras nos señalan que los casos con meningitis son poco frecuentes, tenemos por ejemplo más casos anuales con cáncer que con meningitis, y que la mortalidad es relativamente baja, lo que refleja, aunado a la disminución de las secuelas, que tanto el diagnóstico oportuno como el tratamiento moderno han influido positivamente en el pronóstico de esta enfermedad.

Uno de los avances más importantes en la prevención de la meningitis, ha sido la introducción de la vacuna contra Hemophilus influenzae, bacteria responsable de la mayoría de las meningitis bacterianas. El uso de esta vacuna, a partir de los 2 meses de edad, debe recomendarse para todos los niños. Desafortunadamente, por su costo, todavía no se ha generalizado su uso, aún cuando ya fue incorporada al esquema nacional de inmunizaciones.

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Es muy difícil que la meningitis se transmita de un niño a otro, y todavía más difícil que se transmita a través de terceras personas. Muchas de las bacterias que tenemos todos nosotros en la garganta o en la piel, sin provocarnos ningún problema, o los virus que causan las infecciones comunes, como la diarrea, la gripe o las paperas, son las que ocasionan la meningitis en algunos niños susceptibles. Esto hace muy difícil que una persona se contagie de otra con meningitis, excepto en una variedad, muy poco frecuente, que es la meningitis por "meningococo", la cual incluso puede presentarse en brotes epidémicos. El sentido común nos debe enseñar que, a pesar del bajo riesgo de contagio, no debemos visitar a los pacientes con meningitis, así como en términos generales no deberíamos visitar a ningún paciente con una enfermedad infecciosa.

Cómo sospechar el diagnóstico? Cuando consultar? Siendo la meningitis una enfermedad infecciosa, sus síntomas serán de dos tipos: los comunes en las infecciones y los propios de la localización neurológica.

Los síntomas comunes de las infecciones son la fiebre, el malestar general, el decaimiento, la pérdida del apetito, los vómitos, el dolor de cabeza; y los síntomas propios de la localización neurológica serían la alteración de la conciencia, las convulsiones, la rigidez del cuello, debilidad motora, los vómitos y el dolor de cabeza más acentuado. Los niños se ven en general muy enfermos.

Con un examen cuidadoso y con una punción lumbar para estudiar el líquido cefalo-raquídeo, el médico puede hacer el diagnóstico e iniciar el tratamiento más apropiado.

Cuando un niño presenta un cuadro febril sin un foco claro de infección, y tiene algún síntoma "raro", diferente a lo que estamos acostumbrados a ver en él cuando se enferma, sobre todo si está muy decaído, muy somnoliento, si es de corta edad, o si tiene algunos de los síntomas que indican localización neurológica, es importante consultar para que sea examinado por su médico.

Recordemos que la meningitis puede ser una infección leve o muy grave, dependiendo de la rapidez del diagnóstico, de la causa y del tratamiento.

 

 

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