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Psicopedagogía - Desarrollo Emocional - Motivos y Desarrollo Emocional

Escrito por Administrator el . Publicado en Psicopedagogía

 

 Psicopedagogía

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Desarrollo Emocional

 

MOTIVOS Y DESARROLLO EMOCIONAL

Muchos trabajos actuales ha adoptado un enfoque funcional para acercarse a las emociones. Podemos entender las funciones como actividades de un organismo, de una totalidad, que contribuyen a mantenerla como tal en situaciones de intercambio con el contexto en el que se encuentra inmersa. En el caso de las emociones, por tanto, sus funciones están relacionadas con las actividades que las personas realizan en su entorno físico y social y contribuyen a mantener dichas interacciones. En el momento actual existe una búsqueda de las funciones subjetivas en las acciones humanas; comprender lo que hacen las personas nos lleva a una psicología de los motivos que se comprenden mas fácilmente prestando atención a la vida mental cooperativa.

Las emociones y los motivos que parecen esconderse tras ellas, van mucho mas allá del mundo biológico y nos conducen al mundo social y cultural. Los individuos son considerados como personas que tienen motivos cuyo significado nace en relación con otras personas que forman su entorno. Las emociones se comprenden entonces, siguiendo a Trevarthen, como los aspectos externos de los motivos, expresados a través de la superficie del cuerpo de forma que puedan ser comprendidos por los demás. Para comprometernos en una acción colectiva debemos tener motivos que se relacionan con significados sociales, instituciones, símbolos creencias, etc.

Emociones, motivos e intenciones

Profundizaremos algo mas en el concepto de motivo. El diccionario de María Moliner los considera como fundamentos de las acciones, “la razón que determina que algo existe, se hecho o tenido”- el “Oxford English Dictionary” los relaciona con causas internas de la acción de un sujeto, por ejemplo, se citan entre otros los siguientes significados: “lo que mueve o tiende a mover a una persona en el curso de una acción”, “tiene la cualidad de iniciar un movimiento o acción”, “todo lo que mueve, excita o invita a la mente a la volición”. En suma, los motivos orientan nuestras actividades y tienen el papel de motor, algo que también se ha relacionado con las emociones.

Según Trevarthen, “los motivos son distintos de las emociones, que transmiten el color de los motivos a los demás, de modo que pueden conocer lo que queremos”. Es decir, las emociones tienen una importante función expresiva de nuestras necesidades, algo que difícilmente puede satisfacerse prescindiendo del mundo social, especialmente en los primeros momentos de la vida. Las emociones, expresadas en movimientos faciales, vocalizaciones, etc. expresan a los demás la energía, dirección y cambio de estos estados de la mente, especialmente de sus aspectos interpersonales.

El hecho de que los estados emocionales y formas de movimiento para expresarlos parezcan en muchos casos universales apoya el concepto de motivos innatos. Antes de que las palabras sean usadas, las funciones intersubjetivas del lenguaje en el dialogo son comprendidas por el niño. Pero por otra parte, el hecho de que las expresiones emocionales puedan ser cultivadas en el arte y en el lenguaje ha sido tomado como evidencia de que los sentimientos son adquiridos. Todas las personas hemos sido entrenadas a vivir en sociedad y a expresar nuestros sentimientos en ese contexto; pero podríamos decir que existen formas universales de expresar los sentimientos.

Cuando las emociones se comprenden en relación con procesos de aprendizaje surge una nueva pregunta relacionada en este caso con el aprendizaje social: ¿qué es lo que provoca nuestro aprendizaje para poder entrar en relaciones con los otros?, ¿qué es lo que permite establecer relaciones entre los distintos mundos que las personas perciben? Para explicar por qué las personas mantienen conductas sociales no basta con explicaciones que se fijen únicamente en las representaciones cognitivas, son necesarias también explicaciones motivacionales: debemos encontrar motivos que nos permitan entender cómo unas personas se relacionan con otras, por qué los significados sociales, las instituciones, los símbolos y las creencias son generadas y mantenidas por la forma en que la gente elige interactuar y cooperar. En suma, nos dice que la explicación de la conducta social no está sólo en el cuerpo o en el entorno; además, las teorías cognitivas no tienen una explicación para la conducta cooperativa y las ambiciones colectivas que animan tradicionalmente el mundo social.

Trevarthen y Logotheti nos dirán que los seres humanos no percibimos ni conocemos como individuos aislados, sino compartimos el conocimiento y los instrumentos a través de los cuales nos acercamos a él. Se preguntan estos autores de dónde proceden y como van cambiando los motivos del recién nacido. Aceptan que los motivos de los niños pueden tener una orientación especifica a la percepción de ciertas categorías definidas de acontecimientos o igualmente efectos definidos de la acción; se trata de mecanismos que permiten la adaptación. Existirían, por tanto, unas formas humanas de motivos preadaptativos.

Si seguimos analizando la dimensión funcional de las emociones encontramos otro concepto que tiene especial relevancia para explicar el desarrollo de la comunicación humana: las intenciones. Trevarthen nos habla de motivos para cooperar intencionalmente: “la conducta que se regula a sí misma anticipando un rico e intrincado conocimiento del campo de posibilidades para la acción se dice que es intencional. Las intenciones humanas son ampliamente compartidas y el convencionalismo juega un papel importante en esa especificación de las intenciones. Las intenciones se relacionan, por un lado con los motivos, de los que están originadas, y por otro, con las percepciones de objetos distantes relevantes”.

Para comprender las relaciones entre emociones, motivos e intenciones es mejor situarse en la perspectiva del desarrollo humano desde los primeros momentos tras el nacimiento. De acuerdo con este autor, el desarrollo psicológico resulta no sólo de cambios en los motivos mismos, sino también de cambios en el poder de los mecanismos perceptivos o motores que permiten dar una satisfacción a esas situaciones motivacionales. Existe un efecto de retroalimentación entre los motivos y las acciones que permiten alcanzarlos, por ejemplo, pensemos como en un bebé de pocos meses, el hecho de extender la mano para alcanzar un objeto amplia su perspectiva tridimensional del espacio. Es de este modo como comienzan a generarse las intenciones.

Podemos esperar que los motivos primarios se generen en un proceso morfogenético del cerebro inmaduro que inicialmente está libre de regulación a través de la percepción y no pueden producir un acto. Muchas acciones pueden interpretarse como expresión de motivos faltos de efecto. Los motivos son internos al sujeto, el núcleo de su organización mental intrínseca, son menos independientes de la experiencia que las intenciones específicas por las que los motivos toman expresión. Los motivos pueden combinarse con otros y también pueden desarrollarse nuevos motivos por el aprendizaje. La satisfacción de esos motivos se logra por un conocimiento de las circunstancias que afectan a la puesta en practica de una determinada habilidad. Es difícil para la psicología dar cuenta de cómo los motivos comienzan a aparecer en la conciencia humana.

Es, por lo tanto, el hecho de explorar la evolución de los motivos lo que nos conduce hacia el concepto de intención. En el curso de la actividad intencional los motivos pueden ser cambiados por la percepción de las metas distantes. Pero los motivos pueden surgir también en ausencia de percepciones de objetos relevantes o de las situaciones, o incluso de ausencia de medios para actuar. Tienen poderes auto-generadores y auto-reguladores por sí mismos. Además, mientras los motivos pueden permanecer los mismos a través de una gran variedad de circunstancias, la elección de una forma particular de actividad intencional que satisfaga a ese motivo es muy amplia y libre. Además, la libertad volitiva dependería de la inespecifidad inherente a los motivos con respecto a los medios.

  • Emociones: Llevan consigo una importante función expresiva de nuestras necesidades.
  • Motivos: Internos al sujeto, núcleos de una organización mental intrínseca.
  • Intenciones: Están orientadas a una meta.
Buscando una estructura de la vida mental

Si queremos comprender la conciencia social humana debemos buscar directamente procesos psicológicos de comunicación interpersonal y transubjetiva, no aisladamente sino organizados sistemáticamente. Necesitamos observar los procesos interactivos que están en marcha, aspectos de la comunicación percibidos bilateral o colectivamente y los procesos que subyacen a ello, las bases emocionales de esfuerzo interpersonal. Trevarthen propone tres supuestos previos sobre la mente humana, joven o vieja, sobre la base de sus relaciones con el mundo social y desde las que se aproxima sistemáticamente a su desarrollo:
  1. En primer lugar, la mente de las personas está formada por un “otro virtual”, que está preparado para tomar parte en un conjunto de compromisos virtuales con el yo. Esta constitución dual de la mente humana es esencial e innata. Llega a ser activa y se desarrolla en interacción con los demás. El autor se refiere aquí a una capacidad dialógica de la mente humana que se desarrolla y actualiza a través del tiempo.
  2. En segundo lugar, las emociones permiten regular los cambios en el mutuo compromiso con otras personas, virtuales o reales. Son dinámicas por naturaleza y organizadas como un conjunto de valores que se oponen. Las emociones pueden entenderse como la dimensión que permite comunicar los motivos y que se expresa desde la superficie del cuerpo, de forma que pueda ser captada (vista, oída, sentida, etc.) por los otros. El sistema emocional está adaptado para actuar con otros sistemas. La regulación emocional es asimétrica, y en este sentido, las personas son más sensibles a las emociones de los otros que a las de uno mismo.
  3. En tercer lugar, la conciencia que supone tener conocimiento de la realidad en compañía o en comunicación con otros, real o virtual, es un atributo del consenso social. Los recién nacidos, incluso desde el momento del nacimiento, son capaces de responder a las expresiones humanas de sentimiento con sutileza, adecuación y efectividad en sus cambios y expresiones.
¿Pero qué decir de las aproximaciones metodológicas para acercarnos a esta estructura? Trevarthen y Logotheti nos indican que hay que tener en cuenta que los niños no pueden ser preguntados, por tanto hemos de observar cómo actúan y en qué están interesados. Los métodos observacionales son de gran ayuda y no excluyen el hecho de que la realidad pueda ser manipulada en función de las metas del investigador.

En suma, a partir de estos presupuestos quiere mostrar cómo la vida mental en los primeros años puede comprenderse en relación con el desarrollo de las emociones, incluso en los primeros momentos de la vida. No hay que olvidar, finalmente, que esas pautas se ajustan a diferentes culturas, patrones y convenciones sociales.
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