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Psicopedagogía - Luís Jaime Cisneros

Escrito por Administrator el . Publicado en Psicopedagogía

Psicopedagogía

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Luís Jaime Cisneros

Cuando yo era más muchacho, los niños venían de París y los maestros tenían siempre la razón. Ahora tengo nietos en Secundaria, en Primaria y en el Nido. Y tengo que consultarles con frecuencia para resolver esos geniogramas en que aparecen dinosaurios, futbolistas, cantantes, especialistas en golpes y arengas musicales.

Sí, los muchachos han cambiado. Solo los padres siguen siendo los mismos, y se extrañan por las preguntas que hacen los hijos, sobre todo, por el modo de preguntar. Es que ya los niños no vienen de París, ni los maestros tienen siempre la razón. Es que las preguntas de los muchachos revelan ahora inquietud honda y no interés pasajero. Revelan inquietud y, sobre todo, desconcierto. Los muchachos no preguntan ahora solamente el porqué de las cosas. Preguntan sobre el cómo. Por la manera que tienen de preguntar, deducimos no solo el grado de inquietud sino la desilusión y el desconcierto surgido por lo insustancial que les ha resultado la respuesta del maestro.

No es fácil admitir que cuando los muchachos preguntan están ciertamente aprendiendo. No es siempre que no saben. Es que quieren saber más: quieren precisión. Para muchos, saber más es 'saber mejor', en profundidad. Para ellos, los maestros son obligado interlocutor, de quienes se espera la respuesta.

No digo que esperan 'la verdad'. La verdad tiene que aprender a buscarla el alumno, y debe saber que el camino es largo, exigente, a veces lleno de tropiezos; ahí aprendemos a encarar y resolver problemas. Basta con que no dudemos de nuestra capacidad para reconocer dudas y triunfos, y que no abandonemos nuestra aptitud para inquirir y para formular opiniones, aprendiendo a confrontarlas con los compañeros, los profesores y los libros.

Aquí es cuando mis nietos me ponen sobre aviso. En sus conversaciones descubro (y me preocupo) que no a todos los profesores les agrada conversar sobre asuntos ajenos a los cursos que dictan. ¡Pero es que ya no es fácil conversar sobre esos temas en la casa! Me preocupo porque la experiencia dice que la inquietud de los estudiantes no suele plantearse esta disyuntiva. Para ellos, el tema de la conversación o de la consulta tiene que ver consigo mismo y no con la asignatura. Y, por eso, el interlocutor obligado es el profesor. A él le toca aconsejar, resolver y, sobre todo, escuchar.

Si centramos la atención en el contorno familiar de muchos estudiantes, aprenderíamos a comprender la situación de muchos hogares, y eso nos ayudaría a completar la imagen de nuestra realidad escolar. Sí, es verdad que estamos progresando lentamente, a fuerza de ilusión y de buena voluntad. Muchos proyectos se anuncian, se ponen en práctica para liberar a nuestra educación del error y del fracaso. Cada vez que el tema entra en el debate, mencionamos la carrera magistral, el plan de estudios, la evaluación y los textos.

La realidad nos enseña que debemos también prestar atención a la familia. En muchos hogares, el matrimonio que enfrenta un divorcio lastima sin querer la educación de los hijos. En la vida moderna, en que el consumo y el dinero constituyen severo patrón de la vida familiar, padre y madre tienen que trabajar. Y eso daña ciertamente la formación escolar. No siempre hay con quién conversar ni a quién consultar. No queda sino los auxilios electrónicos. Pero esa no es 'la voz familiar' ni tampoco 'la voz del maestro'. Y no son precisamente los noticiosos los que van a proponer el camino acertado ni los que han de estimular la ilusión y la esperanza.

Quierase o no, la escuela tiene que ir tomando conciencia de que le falta lo que hasta hace unos años tuvo siempre como un auxiliar: el apoyo afectuoso del hogar, que cuidaba y entonaba los caminos de la ilusión y la esperanza. Y no puede desentenderse ni cruzarse de brazos. Por ahora, hay una manera de hacer frente a la realidad. Esmerarse en escuchar toda conversación que aparezca como urgente en boca del muchacho. Cuando a los muchachos les inquieta el qué, pues hay que profundizar ese marco. Y si les preocupa y agobia el cómo, pues hay que ver cómo el maestro comparte el mismo interés y la misma inquietud. No está en el programa vigente, pero el futuro de esos muchachos lo exige y lo espera de todos nosotros.

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