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Nutrición y Dietética - La Carne

Escrito por Administrator el . Publicado en Nutrición y Dietética

 

                                           Nutrición y Dietética

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La Carne

Los adversarios de los grupos defensores de los derechos de los animales casi siempre recurren a un ataque típico: acusar de hipócritas a aquellos activistas que aún consumen carne. No es que nuestros opositores realmente se interesen por los derechos violados de los millones de animales destinados al consumo humano, sino que el uso de este recurso casi siempre les proporciona una salida rápida cuando sus patéticos argumentos ya se han terminado.

El vegetarianismo y especialmente el veganismo no se producen de la noche a la mañana. Es una decisión que se produce luego de una cuidadosa evaluación cuando el individuo está física, mental y espiritualmente preparado para evolucionar a una escala mayor de pensamiento y sensibilidad éticos. Es un hecho que se produce cuando nuestra compasión y respeto por nuestro cuerpo, el mundo en el que vivimos y las demás criaturas vivientes alcanza su cúspide.


Los intereses creados de grupos que sólo persiguen un afán de lucro en complicidad con los medios de comunicación masiva se han encargado de realizar un completo lavado de cerebro a la población mundial desde épocas inmemoriales. A diario somos bombardeados por la propaganda de la industria de la carne. Se nos dice que es esencial para el sano desarrollo de los niños, que es vital para el crecimiento y que sin ella moriríamos. Ciertamente no podría estar escribiendo este artículo si eso fuera cierto. Cínicamente, en forma de dibujos animados, se presentan animales de granja que, sonrientes, incentivan su propio consumo. Las sonrisas de las propagandas no muestran la terrible verdad y la insana crueldad que las granjas factorías se empeñan en ocultar.


En los mercados de los países latinoamericanos los vendedores de carne se precian de ofrecer “carne fresca” pues los animales –especialmente las aves– son aniquiladas prácticamente ante nuestros ojos o en mataderos donde la crueldad prevalece y las más mínimas condiciones higiénicas son inexistentes. Por otra parte, en los Estados Unidos la carne se ofrece al público en inmaculados paquetes que a simple vista no dejan ver lo que verdaderamente se oculta en su presentación.


A mí particularmente me bastó visitar un matadero para convertirme en vegetariana y posteriormente en vegana. Nunca podré olvidar lo que ví: reses eliminadas a puntillazos que se clavaban en cualquier lugar de sus cráneos; animales vivos luchando desesperadamente en el aire antes de recibir el corte de sus yugulares para desangrarse lentamente; alfombras negras de moscas y restos malolientes y putrefactos; reses que al abrírseles el vientre mostraban el feto ya desarrollado de un ternero que no alcanzó a nacer; hombres duros, ensangrentados y vulgares que se divertían insanamente con cada corte; sudor, escupitajos y sangre entremezclados en el piso y tal vez lo más triste, niños, perros y ratas disputándose un trozo de carne contaminada no solamente por los antibióticos, hormonas y pesticidas con los que se cría al ganado, sino también por la adrenalina segregada por estos animales al percibir una muerte brutal y cercana.


La mayoría de las personas en el mundo no han tenido la oportunidad de pasar por esta aleccionadora experiencia, pero, en mayor o menor escala, con alta tecnología o sin ella, esto es exactamente lo que sucede en cada matadero del mundo. Al fin y al cabo, la crueldad es siempre la misma.


Las consecuencias de comer animales también son las mismas: múltiples enfermedades cardíacas, cáncer, artritis, esteroesclerosis y osteoporosis. Si a esto añadimos la destrucción progresiva de los bosques tropicales, la erosión del suelo, la escasez de agua y el incremento del hambre mundial comprobamos que éste no es un asunto al que le debamos restar importancia.


Nuestro planeta no sólo está enfermo por la polución, el hambre y las guerras, sino que también se muere de a pocos por la indiferencia e irresponsabilidad con las que el ser humano lo trata. Uno de los privilegios que los seres humanos frecuentemente olvidan es la posibilidad de cambiar y convertirse en mejores personas cada día. La posibilidad de convertirse en personas éticas y compasivas para con todos los seres que nos rodean, empezando con nosotros mismos.


En la actualidad, las alternativas vegetarianas y veganas se encuentran al alcance de todos y constituyen verdaderas fuentes protéicas que nutren nuestros cuerpos de una manera adecuada, saludable y libre de crueldad. Inclusive la comida típica de nuestros países iberoamericanos en la que la carne constituye el plato principal y casi obligatorio, puede convertirse en deliciosas opciones vegetarianas o veganas con un poco de creatividad y determinación.


Concluimos entonces en que el cambio a una dieta vegetariana o vegana debe llegar en el momento preciso en el que el individuo está listo para aceptar tal compromiso. Todo cambio importante y determinante en la historia de los pueblos siempre ha llegado en el momento oportuno. Ni antes, ni después.


Estos cambios han creado polémicas, resistencias y conflictos, pero cuando comprobemos que nuestro cuerpo se encuentra sano y lleno de energía; cuando tengamos la certeza de no estar contribuyendo al hambre de los pobres y nos demos cuenta de que nuestros platos y nuestras conciencias están limpias de sangre y sufrimientos, sabremos que nuestra elección fue la correcta.

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