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Evangelio Dominical
17 Enero 2010
3 Tiempo Ordinario (C)
Juan 2,1-11
LENGUAJE DE GESTOS
El evangelista Juan no dice que Jesús hizo
"milagros" o "prodigios". Él los llama "signos"
porque son gestos que apuntan hacia algo más profundo de lo que pueden ver
nuestros ojos. En concreto, los signos que Jesús realiza, orientan hacia su
persona y nos descubren su fuerza salvadora.
Lo sucedido en Caná de Galilea es el comienzo de todos los
signos. El prototipo de los que Jesús irá llevando a cabo a lo largo de su
vida. En esa "transformación del agua en vino" se nos propone la clave
para captar el tipo de transformación salvadora que opera Jesús y el que, en su
nombre, han de ofrecer sus seguidores.
Todo ocurre en el marco de una boda, la fiesta humana por
excelencia, el símbolo más expresivo del amor,
la mejor imagen de la tradición bíblica para evocar la comunión
definitiva de Dios con el ser humano. La salvación de Jesucristo ha de ser
vivida y ofrecida por sus seguidores como una fiesta que da plenitud a las
fiestas humanas cuando éstas quedan vacías, «sin vino» y sin capacidad
de llenar nuestro deseo de felicidad total.
El relato sugiere algo más. El agua solo puede ser saboreada
como vino cuando, siguiendo las palabras de Jesús, es «sacada» de seis
grandes tinajas de piedra, utilizadas por los judíos para sus purificaciones. La
religión de la ley escrita en tablas de piedra está exhausta; no hay agua capaz
de purificar al ser humano. Esa religión ha de ser liberada por el amor y la
vida que comunica Jesús.
No se puede evangelizar de cualquier manera. Para comunicar
la fuerza transformadora de Jesús no bastan las palabras, son necesarios los
gestos. Evangelizar no es solo hablar, predicar o enseñar; menos aún, juzgar,
amenazar o condenar. Es necesario actualizar, con fidelidad creativa, los
signos que Jesús hacía para introducir la alegría de Dios haciendo más dichosa
la vida dura de aquellos campesinos.
A muchos contemporáneos la palabra de la Iglesia los deja
indiferentes. Nuestras celebraciones los aburren. Necesitan conocer más signos
cercanos y amistosos por parte de la Iglesia para descubrir en los cristianos
la capacidad de Jesús para aliviar el sufrimiento y la dureza de la vida.
¿Quién querrá escuchar hoy lo que ya no se presenta como
noticia gozosa, especialmente si se hace invocando el evangelio con tono
autoritario y amenazador? Jesucristo es esperado por muchos como una fuerza y
un estímulo para existir, y un camino
para vivir de manera más sensata y
gozosa. Si solo conocen una "religión aguada" y no pueden
saborear algo de la alegría festiva que Jesús contagiaba, muchos seguirán alejándose.
José Antonio Pagola
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