|
Evangelio Dominical
31 Mayo 2009
Domingo de
Pentecostés (B)
Juan 20,19-23
INVOCACIÓN AL ESPÍRITU
Ven Espíritu Santo.
Despierta nuestra fe débil, pequeña y vacilante. Enséñanos a vivir confiando en
el amor insondable de Dios nuestro Padre a todos sus hijos e hijas, estén
dentro o fuera de tu Iglesia. Si se apaga esta fe en nuestros corazones, pronto
morirá también en nuestras comunidades e iglesias.
Ven Espíritu Santo. Haz
que Jesús ocupe el centro de tu Iglesia. Que nada ni nadie lo suplante ni
oscurezca. No vivas entre nosotros sin atraernos hacia su Evangelio y sin
convertirnos a su seguimiento. Que no huyamos de su Palabra, ni nos desviemos
de su mandato del amor. Que no se pierda en el mundo su memoria.
Ven Espíritu Santo. Abre
nuestros oídos para escuchar tus llamadas, las que nos llegan hoy, desde los
interrogantes, sufrimientos, conflictos y contradicciones de los hombres y
mujeres de nuestros días. Haznos vivir abiertos a tu poder para engendrar la fe
nueva que necesita esta sociedad nueva. Que, en tu Iglesia, vivamos más atentos
a lo que nace que a lo que muere, con el corazón sostenido por la esperanza y
no minado por la nostalgia.
Ven Espíritu Santo y
purifica el corazón de tu Iglesia. Pon verdad entre nosotros. Enséñanos a
reconocer nuestros pecados y limitaciones. Recuérdanos que somos como todos:
frágiles, mediocres y pecadores. Libéranos de nuestra arrogancia y falsa
seguridad. Haz que aprendamos a caminar entre los hombres con más verdad y
humildad.
Ven Espíritu Santo.
Enséñanos a mirar de manera nueva la vida, el mundo y, sobre todo, a las
personas. Que aprendamos a mirar como Jesús miraba a los que sufren, los que
lloran, los que caen, los que viven solos y olvidados. Si cambia nuestra
mirada, cambiará también el corazón y el rostro de tu Iglesia. Los discípulos
de Jesús irradiaremos mejor su cercanía, su comprensión y solidaridad hacia los
más necesitados. Nos pareceremos más a nuestro Maestro y Señor.
Ven Espíritu Santo. Haz
de nosotros una Iglesia de puertas abiertas, corazón compasivo y esperanza
contagiosa. Que nada ni nadie nos distraiga o desvíe del proyecto de Jesús:
hacer un mundo más justo y digno, más amable y dichoso, abriendo caminos al
reino de Dios.
José Antonio Pagola
|