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Evangelio Dominical
19 Abril 2009
2 Pascua (B)
Juan 20, 19-31
VIVIR DE SU PRESENCIA
El relato de Juan no
puede ser más sugerente e interpelador. Sólo cuando ven a Jesús resucitado en
medio de ellos, el grupo de discípulos se transforma. Recuperan la paz,
desaparecen sus miedos, se llenan de una alegría desconocida, notan el aliento
de Jesús sobre ellos y abren las puertas porque se sienten enviados a vivir la
misma misión que él había recibido del Padre.
La crisis actual de la
Iglesia, sus miedos y su falta de vigor espiritual tienen su origen a un nivel
profundo. Con frecuencia, la idea de la resurrección de Jesús y de su presencia
en medio de nosotros es más una doctrina pensada y predicada, que una
experiencia vivida.
Cristo resucitado está
en el centro de la Iglesia, pero su presencia viva no está arraigada en
nosotros, no está incorporada a la sustancia de nuestras comunidades, no nutre
de ordinario nuestros proyectos. Tras veinte siglos de cristianismo, Jesús no es
conocido ni comprendido en su originalidad. No es amado ni seguido como lo fue
por sus discípulos y discípulas.
Se nota enseguida cuando
un grupo o una comunidad cristiana se siente como habitada por esa presencia
invisible, pero real y activa de Cristo resucitado. No se contentan con seguir
rutinariamente las directrices que regulan la vida eclesial. Poseen una
sensibilidad especial para escuchar, buscar, recordar y aplicar el Evangelio de
Jesús. Son los espacios más sanos y vivos de la Iglesia.
Nada ni nadie nos puede
aportar hoy la fuerza, la alegría y la creatividad que necesitamos para
enfrentarnos a una crisis sin precedentes, como puede hacerlo la presencia viva
de Cristo resucitado. Privados de su vigor espiritual, no saldremos de nuestra
pasividad casi innata, continuaremos con las puertas cerradas al mundo moderno,
seguiremos haciendo «lo mandado», sin alegría ni convicción. ¿Dónde
encontraremos la fuerza que necesitamos para recrear y reformar la Iglesia?
Hemos de reaccionar.
Necesitamos de Jesús más que nunca. Necesitamos vivir de su presencia viva,
recordar en toda ocasión sus criterios y su Espíritu, repensar constantemente
su vida, dejarle ser el inspirador de nuestra acción. Él nos puede transmitir
más luz y más fuerza que nadie. Él está en medio de nosotros comunicándonos su
paz, su alegría y su Espíritu.
José Antonio
Pagola
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