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Evangelio Dominical
21 Diciembre 2008
4 Adviento (B)
Lucas 1,26-38
UN ANUNCIO SORPRENDENTE
Lucas narra el anuncio
del nacimiento de Jesús en estrecho paralelismo con el del Bautista. El
contraste entre ambas escenas es tan sorprendente que nos permite entrever con
luces nuevas el Misterio del Dios encarnado en Jesús.
El anuncio del
nacimiento del Bautista sucede en «Jerusalén», la grandiosa capital de
Israel, centro político y religioso del pueblo judío. El nacimiento de Jesús se
anuncia en un pueblo desconocido de las montañas de Galilea. Una aldea sin
relieve alguno, llamada «Nazaret», de donde nadie espera que pueda salir
nada bueno. Años más tarde, estos pueblos humildes acogerán el mensaje de Jesús
anunciando la bondad de Dios. Jerusalén por el contrario lo rechazará. Casi
siempre, son los pequeños e insignificantes los que mejor entienden y acogen al
Dios encarnado en Jesús.
El anuncio del
nacimiento del Bautista tiene lugar en el espacio sagrado del «templo».
El de Jesús en una casa pobre de una «aldea». Jesús se hará presente
allí donde las gentes viven, trabajan, gozan y sufren. Vive entre ellos
aliviando el sufrimiento y ofreciendo el perdón del Padre. Dios se ha hecho
carne, no para permanecer en los templos, sino para «poner su morada entre los
hombres» y compartir nuestra vida.
El anuncio del
nacimiento del Bautista lo escucha un «varón» venerable, el sacerdote
Zacarías, durante una solemne celebración ritual. El de Jesús se le hace a
María, una «joven» de unos doce años. No se indica donde está ni qué
está haciendo. ¿A quién puede interesar el trabajo de una mujer? Sin embargo,
Jesús, el Hijo de Dios encarnado, mirará a las mujeres de manera diferente,
defenderá su dignidad y las acogerá entre sus discípulos.
Por último, del Bautista
se anuncia que nacerá de Zacarías e Isabel, una pareja estéril, bendecida por
Dios. De Jesús se dice algo absolutamente nuevo. El Mesías nacerá de María, una
joven virgen. El Espíritu de Dios estará en el origen de su aparición en el
mundo. Por eso, «será llamado Hijo de Dios». El Salvador del mundo no
nace como fruto del amor de unos esposos que se quieren mutuamente. Nace como
fruto del Amor de Dios a toda la humanidad. Jesús no es un regalo que nos hacen
María y José. Es un regalo que nos hace Dios.
José
Antonio Pagola
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