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Evangelio Dominical
10 Agosto 2008
19 Tiempo Ordinario (A)
Mateo14, 22-33
A LA IGLESIA LE HA
ENTRADO MIEDO
Seguramente,
aprovechando los momentos difíciles de sus idas y venidas por el lago de
Galilea, Jesús educaba a sus discípulos para enfrentarse a tempestades futuras
más peligrosas. Mateo «trabaja» ahora uno de estos episodios para ayudar a las
comunidades cristianas a liberarse de sus «miedos» y de su «poca fe».
Los
discípulos están solos. Esta vez no los acompaña Jesús. Su barca está «muy
lejos de tierra», a mucha distancia de él, y un «viento contrario»
les impide volver. Solos en medio de la tempestad, ¿qué pueden hacer sin Jesús?
La
situación de la barca es desesperada. Mateo habla de las tinieblas de la «noche»,
la «fuerza del viento» y el peligro de «hundirse en las aguas».
Con este lenguaje bíblico, conocido por sus lectores, va describiendo la
situación de aquellas comunidades cristianas, amenazadas desde fuera por el
rechazo y la hostilidad, y tentadas desde dentro por el miedo y la poca fe. ¿No
es ésta nuestra situación hoy?
Entre
las tres y las seis de la madrugada, «se les acerca Jesús andando sobre el
agua», pero los discípulos son incapaces de reconocerlo. El miedo les hace
ver en él «un fantasma». Los miedos son el mayor obstáculo para conocer,
amar y seguir a Jesús como «Hijo de Dios» que nos acompaña y salva en la
crisis.
Jesús
les dice las tres palabras que necesitan escuchar: «Ánimo, soy yo, no
tengáis miedo». Quiere trasmitirles su fuerza, su seguridad y su confianza
absoluta en el Padre. Pedro es el primero en reaccionar. Su actuación es, como
casi siempre, modelo de entrega confiada y ejemplo de miedo y poca fe. Camina
seguro sobre las aguas, luego «le entra miedo»; va confiado hacia Jesús,
luego olvida su Palabra, siente la fuerza del viento y comienza a «hundirse».
En
la Iglesia de Jesús ha entrado el miedo y no sabemos cómo liberarnos de él.
Tenemos miedo al desprestigio, la pérdida de poder y el rechazo de la sociedad.
Nos tenemos miedo unos a otros: la jerarquía endurece su lenguaje, los teólogos
perdemos libertad, los pastores prefieren no correr riesgos, los fieles miran
con temor el futuro. En el fondo de estos miedos hay miedo a Jesús, poca fe en
él, resistencia a seguir sus pasos. Él mismo nos ayuda a descubrirlo: ¡Qué poca
fe! ¿Por qué dudáis tanto?
José Antonio Pagola
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