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Evangelio Dominical
13 Julio 2008
15 Tiempo Ordinario (A)
Mateo 13,1-23
TENER OÍDOS Y NO OÍR
Las parábolas
de Jesús han cautivado siempre a sus seguidores. Los evangelios han conservado
cerca de cuarenta. Seguramente, las que Jesús repitió más veces o las que con
más fuerza se grabaron en el corazón y el recuerdo de sus discípulos. ¿Cómo
leer estas parábolas? ¿Cómo captar su mensaje?
Mateo nos
recuerda antes que nada que las parábolas han sido «sembradas» en el mundo por
Jesús. «Salió Jesús de su casa» a enseñar su mensaje a la gente, y su
primera parábola comienza precisamente así: «Salió el sembrador a sembrar».
El sembrador es Jesús. Sus parábolas son una llamada a entender y vivir la vida
tal como la entendía y vivía él. Si no sintonizamos con Jesús, difícilmente
entenderemos sus parábolas.
Lo que Jesús
siembra es «la palabra del Reino». Así dice Mateo. Cada parábola es una
invitación a pasar de un mundo viejo, convencional y poco humano a un «país
nuevo», lleno de vida, tal como lo quiere Dios para sus hijos e hijas. Jesús lo
llamaba «reino de Dios». Si no seguimos a Jesús trabajando por un mundo más
humano, ¿cómo vamos a entender sus parábolas?
Jesús siembra
su mensaje «en el corazón», es decir, en el interior de las personas.
Ahí se produce la verdadera conversión. No basta predicar las parábolas. Si el
«corazón» de la Iglesia y de los cristianos no se abre a Jesús, nunca
captaremos su fuerza transformadora.
Jesús no
discrimina a nadie. Lo que ocurre es que a los que son «discípulos» y
caminan tras sus pasos Dios les da a «conocer los secretos del Reino». A
los demás no. Los discípulos tienen la clave para captar las parábolas; su
conocimiento del proyecto de Dios será cada vez más profundo. Pero los que no
dan el paso, y viven sin hacer la opción por Jesús no entienden su mensaje, y
lo poco que escuchan lo terminan perdiendo.
Nuestro
problema es terminar viviendo con el «corazón embotado». Entonces sucede
algo inevitable. Tenemos «oídos», pero no escuchamos ningún mensaje.
Tenemos «ojos», pero no miramos a Jesús. Nuestro corazón no entiende
nada. ¿Cómo se siembra el evangelio en nuestras comunidades cristianas? ¿Cómo
despertamos entre nosotros la acogida al Sembrador?
José
Antonio Pagola
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