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Apunte - Lenguaje Audiovisual - El Lenguaje Cinematográfico PDF Imprimir E-Mail

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El Lenguaje Audiovisual

 

 

           El Lenguaje Cinematográfico

Introducción 

          A pesar de sus  100 años de existencia y del pomposo calificativo de séptimo arte, el cine sigue siendo en nuestros días un lenguaje totalmente olvidado en los programas escolares. A diferencia de la gramática del lenguaje hablado o escrito, de las matemáticas o incluso del arte, el cine arrastra todavía a nivel docente el mismo calificativo de entretenimiento de feria que recibiera a principios de siglo cuando su desarrollo se hallaba todavía en plena prehistoria. Sin embargo, el espectacular desarrollo que los medios de comunicación han experimentado en los últimos años, ha situado progresivamente el lenguaje audiovisual -cine, televisión, vídeo en un nivel de absoluto protagonismo que convierte en inevitable una mínima aproximación al lenguaje de esos medios de comunicación. 

          Por este motivo, desde esta web quisiera sumarme también a la labor paralela desarrollada por entusiastas iniciativas individuales -y siempre al margen de programas oficiales- para aproximar a los nuevos consumidores cotidianos de imágenes a las mínimas normas que les permitan conocer y descifrar, de un modo mínimamente riguroso, el tan fascinante como apabullador mundo de las imágenes y de los sonidos. No se trata, con ello, de formar a distancia futuros realizadores cinematográficos. Como acertadamente afirma el cineasta argentino Rodolfo Kuhn, «se aprende a escribir desde la escuela, pero no a ser García Márquez» Aplicando esta transposición al contexto cinematográfico no es mi intención atiborrar con datos, hipótesis, especulaciones o teorías contrapuestas. Mi propósito es realizar una aproximación didáctica al lenguaje del cine. 

          Se ha llegado a una situación en la que el niño aprende a leer signos escritos y pronunciar sonidos articulados de una forma más o menos científica, mientras que el importante porcentaje de mensajes audiovisuales que recibe los asimila en cambio de forma puramente intuitiva. Esta situación equivaldría, pues, a la del músico que aprende a tocar de oído. 

         Paralelamente, este fenómeno ha originado, sin embargo, una evidente dicotomía, cada vez más acentuada, entre las posibilidades reales de utilización de 105 medios audiovisuales y su progresiva degradación cotidiana, hasta el nivel de los spots publicitarios desarrollados con las más elementales normas del alfabeto cinematográfico con la finalidad de abarcar la máxima audiencia cinematográficamente analfabeta posible. Lo mismo ocurre también con la diferencia existente entre los telefilms destinados específicamente a la pequeña pantalla y los films realizados específicamente para el cine con diversas gradaciones de complejidad en su lenguaje según el público al que pretendan dirigirse. En términos literarios podríamos hablar comparativamente de la escala de complejidad que va desde las simples fotonovelas hasta la última novela de García Márquez. 

          Entre otros aspectos del hecho cinematográfico, además del industrial, podríamos hablar también de la propia pluralidad del lenguaje cinematográfico en sus diversas aplicaciones. Si partimos de la definición de cine como todo aquello que sea vehiculado por una cinta de proyección audiovisual -soporte químico para el cine y magnético para la televisión o el vídeo-, es indudable que no se puede hablar en los mismos términos del documental social, de la filmación científica, del cine de animación o de la última superproducción de cienciaficción. En su base, sin embargo, se halla un denominador común generado ya a los pocos años del nacimiento del fenómeno cinematográfico. Si los hermanos Lumiére se limitaron a captar la realidad de la llegada de un tren a la estación o la salida de los obreras de una fábrica, y los ingeniosos trucajes de Méliés no llegaron más allá de los simples recursos de un prestidigitador de imágenes, a partir de 1910 el norteamericano David Wark Griffith definió ya de una manera práctica los elementos indispensables para la articulación del lenguaje cinematográfico: la planificación tal y como hoy se sigue utilizando, el movimiento de la cámara y el montaje, todo ello con finalidades expresivas según los requerimientos argumentales de la acción que debía desarrollarse en imágenes. Diversas innovaciones técnicas han aportado después nuevos elementos lingüísticos como el sonido o el color. Finalmente, la televisión y el vídeo cambian el soporte y, en función de ello, se modificó el lenguaje, pero sus posibilidades no varían en su base con respecto al cine. 

          Todos esos enfoques son susceptibles de posteriores desarrollos más extensos pero, en una primera aproximación al lenguaje cinematográfico, debe quedar claro, de entrada, que esta propuesta educativa que presento por la Internet se limitará exclusivamente al desarrollo de los elementos más elementales del lenguaje de las imágenes. Reconociendo, sin embargo, la absoluta parcialidad del enfoque y subrayando para los posibles utilitarios de estos artículos que el análisis de un film, de una serie televisiva o de un programan de vídeo jamás debe limitarse exclusivamente a su descodificación lingüística. Seña tan inútil juzgar Ciudadano Kan por su uso de los travelling o de la profundidad de campo como analizar "Cien años de soledad" desde el punto de vista del uso del pretérito pluscuamperfecto. No obstante, quede claro una vez más que no se puede leer a García Márquez sin haber pasado por la escuela, del mismo modo que no conviene ver la televisión sin saber que las imágenes audiovisuales poseen también su propio lenguaje. 

La didáctica de la imagen y las imágenes didácticas 

           La segunda demarcación que me he trazado al delimitar el objetivo de esta reflexión didáctica y proponer este Proyecto que he llamado "El lenguaje del cine en la enseñanza" se refiere a sus posibles destinatarios. Esta propuesta –debo insistir- está destinado a los maestros y educadores, y creo capacitado a cualquier niño de más de diez años para asimilar unas mínimas normas del lenguaje audiovisual. De experiencias previas realizadas en este sentido o de posibles vinculaciones con otras áreas paralelas -lenguaje escrito, historia del arte, etc.- dependerán entonces los criterios de aplicación para cada caso individual. 

          A partir de los diversos niveles de enseñanza, Primaria, Secundaria, COU... o de las posibilidades técnicas de cada centro (proyectores, alquiler de películas, monitor de vídeo, Internet o magnetoscopio) podrían ampliarse más o menos los niveles de complejidad que el tema ofrece. 

         Por otra parte, desde el momento en que nos estamos moviendo en el terreno pedagógico, resulta también útil recordar que si la enseñanza del cine es una necesidad , no debe olvidarse que éste es sólo un primer paso que permite el acceso a otras dos facetas didácticas del lenguaje audiovisual: la enseñanza en el cine, a partir de la valoración de los elementos informativos que aporta cualquier película (argumento, trajes, decorados, contexto histórico, reflexiones éticas); y la enseñanza por el cine, aprovechando adecuadamente los materiales audiovisuales concebidos para tareas pedagógicas, como la propuesta que presento en otro momento de esta web sobre la "Lectura de una imagen fija publicitaria. 

El cine, una realidad plural 

          Para referirnos unívocamente a un lenguaje cinematográfico, es evidente que, ante todo, debemos simplificar al máximo la realidad del hecho cinematográfico. El cine -como la televisión y el vídeo- es un medio de expresión audiovisual y, por lo tanto, internamente vinculado con otros medios de expresión puramente visuales - pintura y la fotografía-, sonoros -la música- o dramáticos como el teatro y la literatura. Sin embargo, su peculiar dimensión creativa y sociológica lo sitúa en un ámbito exclusivo en cuanto a sus medios industriales de producción y a sus consiguientes mecanismos de difusión y explotación. Los elevados costes de producción de la industria del cine en relación a la del mundo editorial o discográfico, por ejemplo, han condicionado un desarrollo específico del cine como privilegiado espectáculo de masas cuya explotación consiste básicamente en el intercambio de la adquisición de una localidad por un par de horas de entretenimiento. De este modo, ante la masiva presión ejercida por los propios fabricantes del producto cinematográfico o televisivo-, el público receptor de ese mensaje codificado ha acabado por asimilar empíricamente su lenguaje debido al bombardeo cotidiano al que se ve sometido el hombre. 

          Por último, de acuerdo con una concepción plural del hecho cinematográfico y la parcialidad del enfoque que aportaría esta Propuesta, así como desde el punto de vista de que sus destinatarios son los maestros y es a ellos a quienes corresponde la iniciativa de concretar estas orientaciones según sus propias necesidades, he creído oportuno dedicar el ejercicio práctico de esta Propuesta a la selección de una bibliografía orientativa. En ella he incluido esencialmente obras sobre teoría, técnica y estética del lenguaje cinematográfico, pero también he querido contemplar obras sobre sociología y pedagogía del film y de la imagen excluyendo otros temas de indudable interés pero ajenos al objetivo inmediato de estas reflexiones. Todos los libros citados han sido publicados en castellano; algunos de ellos quizás estén actualmente agotados pero, en su inmensa mayoría, son de fácil acceso en biblioteca públicas, tanto de carácter general como especializado. 
 
 

 

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