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Lenguaje Audiovisual
INTRODUCCION A LOS ELEMENTOS
DEL LENGUAJE AUDIOVISUAL
Se
entiende como Lenguaje Audiovisual al conjunto de convenciones y códigos que
permiten, mediante el uso de ciertos instrumentos, un proceso social de
Producción y Conservación para su posterior Reproducción, de mensajes
constituidos por imágenes de una o varias partes seleccionadas de una realidad
natural o construida.
Estos mensajes son
construidos, conservados y reproducidos para un observador o usuario, es decir,
se integran al conjunto de elementos que constituyen la trama supraestructural
de la sociedad y un elemento de su cultura. En general, tienden a conservar y
reproducir los valores de quienes los producen, aún cuando no siempre dichos
valores tienen aceptación o vigencia para aquellos que reciben los mensajes. De
ahí que los mensajes audiovisuales, lo mismo que cualquier otro mensaje, pueden
tener como objetivo la comunicación, la información o la manipulación.
Los mensajes audiovisuales,
aunque reales en sí mismos, son imágenes de una realidad diferente, es decir,
constituyen un nivel mayor de abstracción en la percepción de la realidad.
El lenguaje audiovisual, como
todo conjunto de convenciones establecidas para el intercambio de mensajes
(producción, conservación y reproducción), no es estático, sino que se
encuentra sometido a una constante evolución determinada por algunos elementos:
Quién o quiénes generan los mensajes; quién o quiénes los reciben; y los
instrumentos utilizados para producirlos, conservarlos y reproducirlos.
Analizaremos algunos de los
elementos de la realidad y de su imagen (o programa audiovisual), con el fin de
facilitar el manejo de los instrumentos intermediarios entre ambas durante el
proceso productivo.
Veremos algunas de las
similitudes y diferencias entre la realidad y su imagen, en cuanto al espacio,
el tiempo, los sujetos, objetos y sus relaciones, y la percepción de los
mismos.
Para que los contenidos y el
sentido de los mensajes audiovisuales sean aceptados, o rechazados por el
observador, es necesario que, en principio, sean comprendidos.
Es decir, el proceso de
percepción sonora y visual debe ser fácil y no sufrir perturbaciones que
obstaculicen dicho proceso. Los estímulos electromagnéticos y mecánicos que
llegan al ojo y al oído procedentes del mundo real y que son codificados a
nivel del sistema nervioso central como signos, deben ser fácilmente
seleccionables y ofrecer niveles de discriminación que permitan diferenciar la
información significativa de la irrelevante. Pero además, los códigos icónicos
y verbales utilizados para construir los mensajes deben ser códigos sociales,
comprensibles para ambos interlocutores y la introducción de nuevos códigos
debe ser explícita y aclarada en el mismo mensaje que los incorpora. Cuando los
mensajes sirven para la transmisión de información afectiva, connotativa,
artística, y los signos son polisémicos (interpretables de diversos modos), el
desconocimiento de los códigos por parte del observador no es, necesariamente,
un obstáculo.
Pero cuando los mensajes
transmiten información cognoscitiva, denotativa, práctica, y los signos son
monosémicos (interpretables de un solo modo), la no socialización de los
códigos disminuye la comprensión de los contenidos hasta provocar la parálisis
del proceso de comunicación.
Las personas están habituadas
a un proceso deliberado y consciente de "mirar" para, a través de
mecanismos inconscientes y automáticos de selección y discriminación
"ver". Del mismo modo, la recepción de una cierta gama de estímulos
mecánicos a través del oído, proceso de "escuchar", se transforma en
una percepción selectiva y discriminada de "oír". El automatismo de
estos procesos, vinculados a los primeros ensayos perceptivos del niño, pierde
valor durante la observación de un mensaje audiovisual. En él, los
procedimientos de intermediación entre la realidad y la imagen ya han producido
un alto nivel de selección y discriminación.
El observador ya no necesita
(a veces no puede) realizar esta tarea, a menos que el programa audiovisual
esté mal producido. Si el observador requiere un esfuerzo adicional de
decodificación de los signos, existe ruido cultural. Si el observador requiere
un esfuerzo adicional de selección o discriminación, existe ruido o bien por
exceso de información no significativa o bien por mal tratamiento de la imagen.
Cuando la imagen no alcanza a proporcionar toda la información significativa en
el espacio informativo disponible de la pantalla, existe ruido por defecto.
El espacio
En la realidad el espacio, tal
como es percibido por el sistema nervioso periférico y representado, a nivel
del sistema nervioso central, como conciencia o representación del mundo
externo, presenta entre otras, las siguientes características:
- es ilimitado y, en
apariencia, infinito
- es tridimensional, es decir,
posee relieve
- tiene colores variados
(salvo el caso de daltonismo)
- es multisensorial, es decir,
visual, sonoro, táctil, gustativo, olfativo, cenestésico
- los estímulos mediante los
cuales se lo percibe tienen umbrales mínimos y, en algunos casos, umbral
superior de dolor.
Veamos ahora estas
características del espacio en su imagen audiovisual:
- es limitado (en video y
televisión con formato 4 x 3)
- es plano, carece de
tridimensionalidad
- a veces con color, a veces
blanco, grises y negro
- es solamente sonoro y
visual, falta el resto de la información
- tiene umbral inferior, pero
casi nunca superior.
El tiempo
En la realidad el tiempo
presenta algunas características particulares:
- transcurre en el orden del
acontecer
- tiene una duración real
mensurable, no modificable
- los acontecimientos tienen
velocidad o rapidez propia
- la relación entre velocidad
y duración determinan un ritmo
- salvo procesos cíclicos, los
acontecimientos no se reiteran
- el pasado, como eje negativo
del flujo temporal, no existe más que en la memoria y en los objetos que
permiten conservarla.
En la imagen el tiempo
presenta características diferentes.
- el orden puede ser, y en
general es, diferente del real
- la duración puede ser, y en
general es, diferente de la real. La imagen suele ser una síntesis temporal del
acontecer real
- la velocidad puede ser
igual, mayor o menor que la real
- el ritmo no es el natural,
sino producido
- el acontecimiento - imagen
puede ser reiterativo
- el pasado existe; la imagen
es siempre el pasado visto desde el presente.
Las conductas
En el espacio-tiempo real se
encuentra la materia con diversos grados de organización. La naturaleza, el
hombre, los artefactos producidos por éste en acción sobre aquella, y, como
rasgo específico del hombre en sociedad, la cultura. Ya no sólo elemento
material y concreto, producto de las actividades productivas del hombre, sino
como cuerpo de abstracciones a nivel de conciencia que a veces se manifiesta
mediante elementos naturales.
Las relaciones entre las
personas, de las personas con la naturaleza y de las personas con los
artefactos, se manifiestan como conductas, básicamente productivas en los dos
últimos casos. Y la más importante manifestación de las conductas sociales se
plasma mediante los procesos de comunicación, o producción e intercambio
conjunto de mensajes. Todas estas conductas responden a las culturas que
reflejan, conservan y reproducen.
En la imagen, las conductas
pueden o no corresponderse con las de la realidad. Si las imágenes son de una
realidad reproducida (transmisión directa en televisión, o programa documental)
la correspondencia es casi completa. Cuando las imágenes son de una realidad
producida (ficción), las conductas suelen ser muy diferentes de las de la
realidad. Se oye así hablar de conductas teatrales, o dramáticas. Y, en un caso
particular, podemos observar conductas pedagógicas.
Aún en las imágenes de una
realidad reproducida, es frecuente observar grandes modificaciones en las
conductas de los hombres, debido a la presencia de los instrumentos.
La percepción
Los individuos perciben la
realidad, como ya hemos visto, mediante un proceso voluntario e involuntario,
de selección y discriminación sobre el conjunto de estímulos
(electromagnéticos, mecánicos y químicos) que le permiten construir una
representación de la realidad en el sistema nervioso central. Los procesos
psicofisiológicos de percepción son similares en todas las personas, pero se encuentran
diferencias culturales en algunas de las interpretaciones de dichos estímulos.
La percepción de la imagen, si
bien plantea una primera decisión voluntaria, ofrece un grado mucho menor de
libertad en las etapas subsiguientes. El espacio ya ha sido seleccionado y la
pantalla se encuentra fija en un punto del espacio. La discriminación ya ha
sido construida buscando que los sujetos y objetos significativos produzcan
mayor nivel de estímulos luminosos y sonoros que los no significativos.
Y también existe un paquete de
códigos, internalizados aunque no explícitos, con que los generadores de los
mensajes han educado subrepticiamente a los receptores de los mismos.
La cantidad de información que
transmite un mensaje audiovisual es mayor que en cualquier otro tipo de
tratamiento (una imagen dice más que mil palabras), ya que los discursos
verbales y escritos son lineales y el discurso audiovisual es complejo y
multidimensional. De ahí que su densidad informativa sea alta y el plazo
requerido para la doble decodificación (psicofisiológica y cultural) sea mayor
que en otro tipo de mensajes.
Es claro que si la densidad de
información del programa audiovisual es elevada, cualquier obstáculo (ruido),
sea de carácter técnico o cultural, perturbará en alto grado la correcta
comprensión del mensaje. Debe buscarse, por lo tanto, que la relación
señal/ruido (S/R) sea lo más alta posible. Es decir, los contenidos
significativos deben ser correctamente seleccionados y discriminados, y los
códigos culturales deben ser los del interlocutor masivo o, si se introducen
nuevos códigos, deben ser explicados.
La intermediación
Entre la realidad y su imagen
audiovisual se introduce una intermediación. El ojo y el oído reciben imágenes
visuales y sonoras ya procesadas por la cámara y el micrófono y reproducidas
por el tubo de imagen y el parlante.
Sólo un profundo conocimiento
y una correcta manipulación de los instrumentos de intermediación permitirán
obtener imágenes que reflejen la intencionalidad prevista, ofrezcan los niveles
de lectura deseados, y venzan al mismo tiempo las limitaciones que imponen
dichos instrumentos.
Los equipos que operan la
intermediación del espacio, entre la realidad y el programa, son la cámara y el
micrófono.
La cámara, como transductor de
energía luminosa en energía eléctrica, transforma la luz en impulsos
secuenciales de energía eléctrica, lo que permite obtener señales fácilmente
procesables en las etapas posteriores de conservación y reproducción. El micrófono
a su vez, transforma energía mecánica en energía eléctrica o en variaciones de
la misma energía, lo que permite su posterior conservación y reproducción.
La cámara selecciona del
espacio total de realidad presente, la porción que aparecerá en la imagen. Con
relación a las dimensiones de la figura humana, única referencia de valor
universal, se ha definido la nomenclatura de los planos. De las muchas
existentes, hemos sintetizado una nomenclatura sintética y funcional. Es la
siguiente:
- Plano General (PG) - La figura humana ocupa
solamente una parte de imagen, y no es la más significativa.
- Plano Entero (PE) La figura humana es
completa en la imagen y ocupa la mayor parte del espacio informativo
disponible.
- Plano Medio (PM) La figura humana es
mostrada desde la cintura.
- Primer Plano (PP) El espacio informativo de
la pantalla es ocupado solamente por el rostro humano.
- Plano de Detalle (PD) Ocupa el espacio
informativo una parte del rostro o cuerpo humano.
La selección del espacio es,
pues, definida por el plano mediante la manipulación de los siguientes
elementos:
- la distancia entre la cámara
y el sujeto, u objeto;
- la distancia focal del
objetivo que se utiliza (gran angular, normal, teleobjetivo);
- el tamaño del tubo o sensor
que registra la imagen.
La discriminación es
manipulada mediante el encuadre: relación espacial que guardan entre sí los
diversos sujetos y objetos que están incluidos en el plano. Dichas relaciones
quedan determinadas por:
- la posición y la altura de
la cámara;
- la distancia focal del
objetivo utilizado;
- las posiciones relativas de
sujetos y objetos y su distancia a la cámara;
- la modificación introducida
por el movimiento de la cámara;
- los movimientos de sujetos,
u objetos, dentro del plano o entrando y saliendo del mismo.
Así como la selección del
espacio está determinada solamente por el plano, en la discriminación
intervienen, además de los elementos ya señalados para la cámara y los sujetos,
otros elementos adicionales.
El primero de ellos es el
enfoque. En un plano dado es posible enfocar nítidamente un sujeto y desenfocar
otros, o separar al sujeto significativo del fondo no significativo. De esta
forma el sujeto, nítido, se destaca y discrimina de un fondo desenfocado y
borroso.
Este efecto se logra cuando la
profundidad de campo (porción de espacio nítida antes y después de la distancia
enfocada) es reducida. Los mecanismos para actuar sobre la profundidad de campo
son varios: variación de la distancia focal del objetivo, modificación del iris
y cambio en la velocidad de obturación.
Sistemas de iluminación
diferencial y de enmascaramiento o maquillaje son elementos que permiten
trabajar sobre la discriminación.
La separación del sujeto (u
objeto) del fondo puede lograrse también mediante mecanismos que se
autodenuncian en la imagen: incorporar una pantalla que aísla al sujeto del
fondo para mejorar la discriminación.
La discriminación de la imagen
sonora se inicia con el registro de la misma y es un proceso integrado al de
selección. El registro sonoro se inicia con el proceso de transformación de
energía mecánica del sonido en variaciones de energía eléctrica mediante el uso
del micrófono.
Los micrófonos pueden ser
omnidireccionales, es decir, que captan con igual intensidad los estímulos
sonoros provenientes de cualquier parte del espacio, y por ello no seleccionan.
Los micrófonos direccionales o
cardioides captan con mayor intensidad los sonidos provenientes de una
dirección dada, con lo cual ejercen un proceso de selección. Los micrófonos
ultradireccionales, que captan solamente los sonidos que provienen de un campo
muy estrecho, ofrecen una mayor selectividad.
La capacidad de selección
puede acentuarse o bien acercando el micrófono a la fuente que deseamos
seleccionar, o bien orientándolo en esa dirección.
La denominada "curva de
respuesta" del micrófono nos indica el nivel de correlación existente
entre sonidos de la misma intensidad, pero de diferente tono, y la
correspondiente salida de energía eléctrica. La opción por una determinada
curva de respuesta, nos permite ejercer un cierto nivel de discriminación.
Este proceso de selección y
discriminación puede completarse durante la etapa de procesamiento mediante el
ecualizador, que permite modificar las intensidades relativas de diversas gamas
de frecuencia o tono.
Vemos entonces que se
selecciona visualmente eligiendo y aislando las porciones de la realidad que
transmiten la información requerida. Y que se discrimina visualmente haciendo
que sujetos y objetos significativos proporcionen más estímulos luminosos que
los no significativos. Es decir, que la señal tenga mayor
intensidad que el ruido,
entendiendo que es ruido toda información superflua, o la carencia de una parte
sustantiva de la información necesaria.
Se selecciona y discrimina el
componente sonoro evitando la aparición de estímulos sonoros no significativos,
o reduciendo su intensidad al colocarlos en un plano lejano.
El tiempo, y los elementos del
mismo que analizamos, son trabajados en dos momentos y mediante dos grupos de
instrumentos.
En primer lugar, la cámara y
el magnetoscopio, o el camescopio, con el que se efectúan los registros
audiovisuales de la realidad. Por razones técnicas de estabilidad de la imagen,
en general la toma debe durar unos segundos más de lo que será la duración
final de la toma en el programa. Estos segundos son imprescindibles al comienzo
del registro, pero por razones prácticas en la etapa de edición, la selección
de los puntos de empalme entre tomas, conviene también disponer de un margen en
la parte final.
Algunos módulos de registro
están dotados de un intervalómetro que permite efectuar tomas de muy corta
duración (en torno a 8 cuadros) a intervalos regulares y espaciados. Al
reproducirse estos registros a velocidad normal se observa una imagen que
parece condensar la dimensión real del tiempo. Es decir, en un lapso breve,
observamos acontecimientos que en la realidad ocupan lapsos mayores.
En la producción de programas
audiovisuales enfrentamos tres ordenamientos diferentes: el orden de la
realidad, el orden de registro y el orden del programa.
El proceso más racional y
económico consistirá en aproximar todo lo posible el orden del registro al
orden final del programa, siempre y cuando la realidad lo permita. Cuando
trabajamos sobre una "realidad producida" (ficción o teatralización)
es posible modificar su orden y lograr así que realidad y registro se den en el
mismo orden del programa final. Pero cuando trabajamos sobre una "realidad
reproducida" (documental, programa pedagógico) no siempre es posible
alterar el orden de la realidad y sólo nos queda la posibilidad de trabajar el
orden del registro para acercarnos al orden del programa.
La intermediación tecnológica
que actúa sobre el orden se produce mediante el Módulo de Edición. Está
conformado por uno o más magnetoscopios donantes, un magnetoscopio receptor, un
control de edición y uno o más monitores. Cuando se dispone de más de un
magnetoscopio donante, se requiere también un corrector de base de tiempos por
cada uno de ellos.
Durante este proceso de
reordenamiento es posible también alterar la duración. Se la puede reducir,
simplemente acortando las tomas, o se la puede prolongar mediante el
congelamiento de la toma o la repetición reiterada de la misma, sobre todo
cuando es estática.
El ritmo es la resultante de
dos grupos de elementos. La acción de la realidad que estamos registrando puede
proporcionar su propio ritmo, que será el del programa final. El trabajo sobre
las tomas permite construir un ritmo nuevo o diferente del de la realidad, o
crearlo cuando la realidad no lo muestra.
La duración de las tomas
dentro de cada secuencia, y el acortamiento o prolongación gradual de dicha
duración, permite construir ritmos. La pista de audio, a su vez, puede ser un
elemento rítmico en sí, o coadyuvante para la generación de un ritmo
audiovisual.
El manejo de las conductas se
produce, básicamente, mediante la selección y discriminación efectuadas
mediante la cámara, es decir, mediante el plano y el encuadre.
En una realidad producida las
conductas son, en última instancia, teatralizadas, ya que se generan ex-profeso
para la construcción del programa. Cuando, por el contrario, se trabaja con una
realidad reproducida, es necesario cuidar en extremo el plano y el encuadre,
para que el destinatario del programa tenga una posibilidad de observación
clara de las conductas que, en la realidad, pueden estar enmascaradas o ser
confusas.
Las conductas pedagógicas, en
particular, pueden llegar a diferir mucho de las conductas reales. En este caso
es fundamental denunciar la alteración de la conducta en el mismo programa,
explicando la función didáctica de la alteración introducida.
El manejo correcto de la
intermediación tecnológica entre la realidad y el programa es fundamental para
la transmisión de la información al observador del mismo. Que la información
sea afectiva o cognoscitiva, marcará diferencias notables en el lenguaje que se
utilice, pero la intermediación tecnológica se mantendrá constante.
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