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Enfermedad
Osteoporósis
Músculos y Huesos
¿Qué es?
La osteoporosis es una
enfermedad sistémica que se caracteriza por una disminución de la masa ósea y
un deterioro de la microarquitectura de los huesos, lo que supone un aumento de
la fragilidad de los huesos y del riesgo de sufrir fracturas. Esta patología es
asintomática y puede pasar desapercibida durante muchos años hasta que
finalmente se manifiesta con una fractura.
Causas
El origen de la osteoporosis
debe buscarse en los factores que influyen en el desarrollo y la calidad del
hueso. El riesgo de padecer osteoporosis vendrá determinado por el nivel máximo
de masa ósea que se obtenga en la edad adulta y el descenso producido por la
vejez. Además del envejecimiento, en su aparición intervienen factores
genéticos y hereditarios. Las hijas de madres que tienen osteoporosis, por
ejemplo, adquieren un volumen de masa ósea inferior que el de hijas de madres
con huesos normales, y lo mismo sucede con gemelos univitelinos.
La desnutrición, la mala
alimentación, el escaso ejercicio físico y la administración de algunos
fármacos también pueden favorecer la aparición de la osteoporosis. Sin embargo,
la menopausia es uno de los factores que más influye en su desarrollo en las
mujeres, ya que la desaparición de la función ovárica provoca un aumento de la
resorción ósea.
Síntomas
- Deformidades de la columna
- Dolor muscular
- Debilidad de los huesos
- Dolor en el cuello
- Pérdida de peso y de talla
- Posturas incorrectas
Diagnóstico
Generalmente esta la
osteoporosis no se detecta hasta que aparecen síntomas clínicos claros, como la
reducción de la estatura y las fracturas. Estas se producen normalmente en las
vértebras torácicas y lumbares, el cuello, el fémur y el radio distal. Al
tratarse de una enfermedad asintomática, hasta la presentación de sus
complicaciones óseas es necesario un diagnóstico precoz, que viene inducido por
la historia clínica, con análisis de factores genéticos, nutricionales,
ambientales y factores de riesgo, así como la determinación de marcadores
bioquímicos de edad ósea y la medida del contenido mineral óseo mediante
densitometría.
En primer lugar es necesaria
una exploración física que debe incluir una medición de la talla para detectar su
pérdida. También son útiles las radiografías del perfil de la columna lumbar y
dorsal para descartar la presencia de fracturas vertebrales. Para detectar la
osteoporosis antes de que se manifiesten los síntomas se puede medir la
densidad de los minerales óseos (Densidad Mineral Ósea/DMO) a través de una
densitometría.
Tratamientos
Los fármacos que se emplean en
la actualidad para combatir la osteoporosis consiguen detener la reabsorción
ósea y evitar la pérdida del mineral. Son los llamados inhibidores de la
reabsorción entre los que se encuentran, los estrógenos, las calcitoninas, los
bifosfonatos (etidronato, alendronato y risedronato), los moduladores
selectivos de los receptores estrogénicos (raloxifeno) e incluso las estatinas,
unos fármacos que inicialmente se empleaban para combatir el colesterol.
Completan este tratamiento, la vitamina D y el calcio, bien procedente de la
alimentación natural (leche y sus derivados) o de suplementos.
Todas estas estrategias
terapéuticas revierten el proceso de pérdida de hueso, pero no generan nuevo.
De ahí la innovación que supone la reciente aprobación en la Unión Europea de
un fármaco que consigue formar tejido óseo. Se trata de la molécula
teriparatida, una parathormona recombinante humana que actúa incrementando el
número y la actividad de las células que forman hueso, los osteoblastos y así
añaden hueso nuevo al que está deteriorado por la osteoporosis.
Otros
datos
Durante la tercera edad se
pierde cerca de un 1 por ciento de masa ósea por año, aunque algunas mujeres
pueden llegar a perder entre un 3 y 5 por ciento al inicio de la menopausia. Si
a esto se suman las consecuencias propias de la vejez (pérdida de fuerza
muscular, problemas visuales, etc.), el riesgo de sufrir fracturas se dispara.
La mujer es más propensa a padecer esta enfermedad debido a la reducción
de los niveles de estrógenos durante la menopausia. Sin embargo, en los últimos
años han aumentado los casos de hombres que sufren fracturas, especialmente de
cadera, por osteoporosis. La valoración de los factores de riesgo es importante
porque permite corregirlos y aplicar tratamientos preventivos.
Estos factores pueden
dividirse en dos grupos: individuales y relacionados con el estilo de vida.
Factores de riesgo individuales
- Sexo femenino:
Entre un 20 y 25 por ciento de las mujeres sufren esta enfermedad tras la
menopausia debido a la pérdida de estrógenos.
- Envejecimiento.
- Raza blanca u oriental.
- Constitución delgada,
escasa masa muscular y escoliosis (desviación lateral de la columna).
- Menopausia precoz:
Desaparición de la menstruación antes de los 45 años, bien de forma
natural o quirúrgica, y episodios prolongados de amenorrea.
- Fracturas anteriores.
- Antecedentes familiares de la enfermedad.
- Enfermedades:
Anorexia nerviosa, síndrome de Cushings, diabetes tipo 1, artritis
reumatoide, enfermedades hepáticas crónicas, hipertiroidismo,
hiperparatiroidismo y diabetes.
- Insuficiencia ovárica.
Factores relacionados con el
estilo de vida
- Déficit de calcio: La
masa ósea que se alcanza en la edad adulta está condicionada por la
ingesta de calcio, especialmente durante el desarrollo de los huesos.
- Fumar más de 20 cigarrillos diarios.
- Abuso de alcohol y café:
Perjudican la remodelación ósea.
- Sedentarismo: Las
personas que realizan una actividad física moderada tienen un menor riesgo
de padecer osteoporosis.
- Clima: Esta enfermedad es más frecuente en las
zonas geográficas donde falta sol, ya que éste es necesario para activar
la vitamina D, que mejora la absorción intestinal del calcio. En los
países nórdicos, por ejemplo, es más alta la incidencia de la fractura de
fémur.
- Nivel socioeconómico: Un
bajo nivel socioeconómico se asocia con una dieta insuficiente y una mayor
morbilidad osteoporótica. Este factor cobra mayor importancia en las zonas
urbanas que en las rurales.
- Uso prolongado de algunos medicamentos, como glucocorticoides, hormonas tiroideas y medicamentos
anticonvulsivos.
Fracturas más comunes
Las fracturas más frecuentes
asociadas a la osteoporosis afectan a las vértebras, la muñeca y la cadera.
- Vértebras:
Esta fractura se caracteriza por el aplastamiento de las vértebras, en
especial las de la zona dorso-lumbar. Cuando las fracturas son múltiples
se produce la desviación de la columna (cifosis) ocasionando una curvatura
anormal de la columna. Como consecuencia, se reduce la capacidad de la
caja torácica y la función respiratoria. Para cuando la osteoporosis
vertebral es detectada por las radiografías, normalmente ya se ha perdido
en torno al 25 por ciento de la masa ósea. Es habitual a partir de los 65
años.
- Muñeca: Afecta a la parte distal del radio
(fractura de Colles). Es más frecuente en las mujeres a partir de los 55
años.
- Cadera: Consiste en la fractura del fémur proximal
y es una de las principales causas de incapacidad en la vejez. Entre el 12
y el 20 por ciento de los enfermos que han sufrido una fractura de cadera
fallecen en menos de un año.
Aumenta a partir de los 75
años. El déficit de estrógenos producido por la menopausia es el principal
factor de riesgo que favorece el desarrollo de osteoporosis.
Si bien no todas las mujeres
en esta situación desarrollan la enfermedad, se estima que aumenta el riesgo de
sufrir una fractura en un 30 por ciento, sobre todo a partir de los 65 años. En
los primeros cinco años tras la menopausia se puede llegar a perder hasta el
cinco por ciento de la masa ósea, y en los años posteriores se pierde entre el
1 ó 2 por ciento anual.
Hasta el momento la Terapia
Hormonal Sustitutiva (THS), que consiste en la administración de estrógenos y
progestágeno, es el tratamiento de elección en la osteoporosis postmenopáusica,
ya que previene la pérdida de masa ósea y las posibles fracturas sin modificar
la composición y la resistencia de los huesos. Su eficacia puede prolongarse
hasta 15 o 20 años después de la menopausia. Los estrógenos mantienen o
aumentan la masa ósea con un incremento que oscila del 2 al 8 por ciento en la
columna y la cadera. Sin embargo, su uso prolongado puede tener importantes
efectos secundarios.
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