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Enfermedad
Espondilitis Anquilosante
¿Qué es?
La Espondilitis Anquilosante o
Anquilopoyética (EA) es una enfermedad reumática que causa inflamación de las
articulaciones de la columna vertebral y de las sacroilíacas. Se suele
manifestar con fases de dolor lumbar, puede afectar a toda la columna y a las
articulaciones periféricas y ocasiona dolor en la columna y en las
articulaciones, rigidez vertebral, pérdida de movilidad y deformidad articular
progresiva. Puede acompañarse de manifestaciones extraarticulares, como
inflamación en los ojos o en las válvulas del corazón.
Causas
Suele manifestarse en la
adolescencia o en la juventud y su incidencia es mayor en los hombres. Por el
contrario, las mujeres pueden presentar la enfermedad de forma más leve con lo
que su diagnóstico es más difícil. Su incidencia también varía en los distintos
grupos raciales.
Síntomas
- Dolor nocturno y la pérdida de movilidad en la región lumbar son
manifestaciones precoces. Aunque, en la mayoría de los casos los síntomas
comienzan en las zonas lumbar y sacroilíaca, suele afectar también a los
segmentos cervical y dorsal de la columna.
- Inflamación ocular.
- Daño en las válvulas cardíacas. En otras ocasiones, la
espondilitis anquilosante precede al desarrollo de una enfermedad
inflamatoria intestinal y algunos pacientes presentan fiebre elevada,
fatiga, pérdida de peso y anemia.
- Otras enfermedades viscerales u óseas, pueden confundirse con una
EA. Sin embargo, pueden distinguirse mediante la evaluación analítica para
demostrar inflamación, anemia o positividad del HLAB27 (marcador
genético). Asimismo, las radiografías y gammagrafías óseas pueden mostrar
cambios característicos.
Prevención
Es necesario educar al
paciente con espondilitis anquilosante. Así, tiene que aceptar sus limitaciones
para evitar una mala evolución de la enfermedad y mejorar su calidad de vida.
Existen unas pautas o normas que tiene que seguir:
- Evitar las malas posturas.
- No utilizar fajas o corsés que inmovilicen la columna.
- No estar demasiado tiempo en la cama o sentado. - No coger
demasiado peso.
- No fumar para no perjudicar la función respiratoria.
- Darse una ducha matinal para relajar los músculos y aliviar la
rigidez matutina.
- Hacer ejercicio físico moderado a diario.
Diagnóstico
El diagnóstico de la
espondilitis anquilosante suele realizarse mediante una anamnesis (historial
médico) y una exploración física. Si el reumatólogo sospecha que el paciente
padece una espondilitis anquilosante se realizará una radiografía de la columna
vertebral y de la pelvis. Los análisis de sangre y orina pueden ayudar a apoyar
el diagnóstico por ejemplo, manifestando la presencia en sangre del antígeno
HLA-B27, o pueden determinar la intensidad mayor o menor del proceso
inflamatorio que sufre el paciente.
Tratamientos
- Antiinflamatorios: consiguen aliviar el dolor y reducir o
suprimir la inflamación articular, lo cual permitirá una mejor calidad de
vida del paciente, y evitará que se produzcan molestias durante el
descanso nocturno.
- Analgésicos: Se utilizan para aliviar el dolor
- Sulfasalacina: puede ser beneficiosa en los casos más graves
- Metotrexato: Se utiliza fundamentalmente para detener las
artritis de las articulaciones periféricas.
- Rehabilitación: es esencial que los individuos que padecen
espondilitis anquilosante realicen los ejercicios físicos recomendados por
el reumatólogo. Así, debido a que la enfermedad suele provocar una
deformación de la columna vertebral (curvatura hacia delante) es
conveniente que el paciente practique deportes que fortalezcan la espalda.
Sin duda, el mejor ejercicio para ello es la natación. Asimismo, los
ejercicios respiratorios aumentarán la capacidad pulmonar.
- Cirugía: solo en algunas ocasiones, cuando las articulaciones
están muy dañadas y se ha perdido la movilidad, es necesaria la
intervención quirúrgica.
Otros
datos
La espondilitis anquilosante
suele producir brotes sucesivos de dolor lumbar, con o sin síntomas de artritis
(en hombros, caderas, rodillas o tobillos) o de inflamación en los puntos de
unión de tendones y ligamentos al hueso. Durante las fases en las que la
enfermedad remite, el paciente no presenta síntomas de la enfermedad y puede
desempeñar las actividades que le exige su vida cotidiana. Sólo aquellos
pacientes cuya cadera se vea afectada o desarrollen anquilosis entre las
vértebras pueden sufrir pérdidas más o menos graves de la función articular.
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