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Enfermedad
Artritis Reumatoide
¿Qué es?
La artritis reumatoide es una
enfermedad frecuente puesto que una de cada diez personas la padece (entre 130.000
y 400.000 en España). Esta enfermedad se da con más frecuencia entre mujeres y
no necesariamente de edad avanzada, aunque también pueden padecerla los
hombres, según la Sociedad Española de Reumatología. La artritis reumatoide es
una enfermedad crónica y degenerativa que se caracteriza por provocar
inflamación en la membrana sinovial (membrana que alimenta, protege y cubre los
cartílagos) de las articulaciones.
La inflamación de esta
membrana es la responsable del dolor, de la hinchazón claramente visible y de
la sensación de rigidez que los pacientes pueden sentir por las mañanas. La
persistencia de la inflamación de la membrana sinovial provoca que el hueso se
dañe y aparezcan pequeñas erosiones.
La enfermedad afecta con más
virulencia a unas articulaciones que a otras, y hay algunas que nunca se
alteran. Así, las más afectadas son las muñecas, los dedos de las manos y de
los pies, los codos, los hombros, las caderas, las rodillas y los tobillos.
Esta enfermedad afecta principalmente a las mujeres y suele aparecer en torno a
los 40 y 45 años. Sin embargo, también los niños y los ancianos pueden
padecerla.
Causas
La causa de la aparición de
esta enfermedad es desconocida. Se han estudiado agentes infecciosos como las
bacterias o los virus y, aunque se han encontrado datos sugerentes en algunos
casos, aún no hay evidencias que confirmen su implicación. Los especialistas
creen que puede tener un origen genético puesto que el propio sistema inmune
ataca a las articulaciones porque no las reconoce como propias y por ello se
inflaman. Asimismo, se cree que ciertas proteínas que se transmiten de forma
hereditaria podrían predisponer a la enfermedad.
Síntomas
El síntoma principal de esta
enfermedad es la inflamación que resulta apreciable a simple vista. En
ocasiones puede producirse el derrame del líquido sinovial. La inflamación de
las articulaciones afectadas causa dolor en el individuo que las padece.
Asimismo, aparecen abultamientos duros (nódulos reumatoides) en las zonas de roce
de la piel como los codos, el dorso de los dedos de las manos y de los pies.
También pueden localizarse en el interior del organismo. Con el tiempo se
produce una deformidad debido al deterioro progresivo de las articulaciones
afectadas.
A menudo causa sequedad de la
piel y las mucosas. Esto ocasiona una inflamación y posterior atrofia de las
glándulas que fabrican las lágrimas, la saliva, los jugos digestivos o el flujo
vaginal (síndrome de Sjogren). La rigidez articular es otro de los síntomas de
la patología. Generalmente aparece por la mañana y va desapareciendo
progresivamente a medida que el paciente ejerce su actividad diaria.
Diagnóstico
Debido a que la aparición de
los síntomas de esta enfermedad no son muy claros durante su inicio, el
diagnóstico precoz puede resultar difícil. Sin embargo, es muy importante que
se diagnostique pronto ya que de ello depende la evolución de la patología. Por
ello, cuando se sospeche que se pueda padecer esta patología es importante
acudir a un reumatólogo que determine cual es el tratamiento más eficaz. Cuando
la artritis reumatoide evoluciona, las radiografías detectan la erosión en las
articulaciones. Asimismo, los análisis de sangre detectan la presencia de un
anticuerpo característico de la enfermedad.
Tratamientos
El tratamiento de la artritis
reumatoide engloba dos tipos de fármacos: los que se utilizan para aliviar el
dolor día a día (antiinflamatorios y corticoides), y los que sirven para
modificar la enfermedad a largo plazo. Estos últimos pueden ser efectivos
semanas e, incluso, meses después del tratamiento. No son eficaces en el 100
por cien de los pacientes, según la Sociedad Española de Reumatología, por lo
que habitualmente el médico prescribe varios de forma secuencial hasta
encontrar aquel que sea más eficaz y mejor tolerado.
Otros
datos
La vida de una persona con
artritis reumatoide tiene que adaptarse a su enfermedad. Así, hay que evitar
una vida agitada, movimientos bruscos, conviene dormir una media de 10 horas y
evitar aquellos trabajos que requieran un ejercicio físico intenso. Durante la
jornada laboral, hay que mantener una posición recta en el asiento y evitar
permanecer con el cuello o la espalda doblados durante mucho tiempo. Asimismo,
durante el reposo es conveniente mantener una postura adecuada, evitar las
doblar las articulaciones y mantener los brazos y las piernas estirados.
El calzado tiene que ser
elástico, firme y de piel. El talón debe llevarse sujeto, la puntera ancha y el
empeine lo suficientemente alto para que no se produzcan rozaduras. La obesidad
puede provocar un sobrepeso sobre las articulaciones, por ello, hay que
intentar llevar una dieta sana e equilibrada y evitar aumentar de peso.
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