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Enfermedad
Corazón
Insuficiencia Cardíaca
¿Qué es?
Se habla de insuficiencia
cardiaca cuando la función del corazón está alterada o no bombea suficiente
sangre como abastecer a los órganos, músculos y tejidos del organismo. Cuando
el corazón empieza a fallar, el organismo lo detecta inmediatamente y pone en
marcha los mecanismos compensatorios, por lo que muchos pacientes no llegan a
percibir los síntomas anormales que manifiesta el corazón. Estos mecanismos
sólo son eficaces durante cierto tiempo, por lo que llega un momento en el que
el organismo no puede remediar el fallo en el bombeo del corazón.
Causas
La causa más común de IC es la
enfermedad coronaria, como la angina de pecho y, especialmente, el infarto de
miocardio. Otra causa habitual es la hipertensión arterial, que debe ser
detectada y controlada a tiempo para prevenir y evitar el desarrollo de IC. La
tensión arterial debe encontrarse por debajo de 140/90 en la consulta, y 135/85
si la medición la realiza el propio paciente o la familia en el domicilio.
También el consumo excesivo de alcohol puede llevar a una situación de IC, ya
que daña el músculo cardiaco y origina la denominada miocardiopatía dilatada,
una dilatación progresiva del corazón debida a un adelgazamiento y
debilitamiento de sus paredes.
El primer síntoma de la
insuficiencia cardiaca se manifiesta cuando el enfermo se somete a cualquier
situación en la que es necesario un mayor bombeo del corazón y una mayor cantidad
de sangre al organismo. El paciente sentirá ahogo y falta de aire mientras
realiza ejercicio o lleva a cabo actividades que antes toleraba bien.
Poco a poco la situación se va
agravando y la insuficiencia puede repercutir en otros órganos vitales como los
riñones. Entre los principales mecanismos de defensa se encuentran la
taquicardia en situación de reposo (al no bombear suficiente sangre el corazón
aumenta el número de latidos en cada unidad de tiempo) y el aumento progresivo
del tamaño del corazón para conseguir contracciones más fuertes que compensen
su deficiencia. Por este motivo los enfermos con IC suelen tener un aumento del
tamaño del corazón. La IC puede afectar a la calidad de vida del paciente y
limitar sus actividades cotidianas debido a la fatiga y los problemas para
respirar. La enfermedad no cursa de manera lineal, es decir que hay periodos en
los que el paciente permanece estable y otros en los que aparecen
descompensaciones que hacen necesaria la hospitalización.
Síntomas
- Disnea: sensación de falta de aire al respirar. Al
principio aparece al realizar un esfuerzo físico, caminar deprisa o subir
escaleras, pero poco a poco los episodios se hacen más intensos y aparecen
al realizar cualquier tarea, como vestirse o asearse, e incluso en reposo.
- Ortopnea:
dificultad para respirar cuando se está tumbado, de manera que el enfermo
se ve obligado a dormir con dos o tres almohadas o en posición algo
incorporada.
- Fatiga: el cansancio muscular se debe al bombeo
insuficiente de sangre.
- Edema: hinchazón de las piernas motivada por la
retención de agua y sal. En los casos severos el edema puede ser muy
aparatoso.
- Oliguria:
significa eliminar menos cantidad de orina de la habitual (menos de 400
miligramos al día). La disnea y los edemas suelen ir precedido de
oliguria. En la IC los riñones retienen agua y sal de forma anómala, que
luego se acumulará en los pulmones y en los tejidos, produciendo disnea y
edemas. A menudo va acompañada por nocturia, que es el aumento de la
diuresis por la noche, al adoptar la posición de decúbito y aumentar el
retorno venoso.
Otros síntomas de la IC son la
plenitud gástrica, molestias intestinales, hinchazón abdominal, dolor en el
lado derecho del abdomen, congestión de las venas del cuello, palpitaciones,
mareos, síncopes, falta de apetito o anorexia. Cuando el corazón no realiza
bien el bombeo la sangre que llega al corazón para ser bombeada se estanca en
las venas que van al corazón y éstas se congestionan. Parte de los líquidos que
forman la sangre tienden a pasar a los tejidos, especialmente en las piernas y
los pies por efecto de la gravedad. También en los pulmones se produce el paso
del líquido al espacio que debería estar ocupado por aire, lo que provoca la
disnea.
Tratamientos
El tratamiento de la IC pasa
por un cambio de los hábitos alimenticios. Entre las medidas generales a tomar
se encuentran las siguientes:
- Eliminar el salero de la mesa.
- Cocinar con poca sal.
- Evitar las conservas y alimentos precocinados, y sustituirlos por
alimentos frescos.
- No consumir aperitivos salados (aceitunas, patatas fritas,
panchitos, almendras y otros frutos secos. * Evitar los alimentos con gran
contenido en sodio (salazones, jamón serrano y embutidos).
- Reducir el consumo de bicarbonato sódico y los comprimidos
efervescentes en general.
- Controlar el contenido sódico de las aguas minerales,
especialmente de las que tienen gas.
- Realizar varias comidas al día y ligeras, no pocas y copiosas.
En cuanto al deporte, los
pacientes con IC en situación estable deben realizar ejercicio físico regular,
como caminar a buen ritmo entre media hora al día, en el caso de personas muy
mayores, y una hora diaria para las más jóvenes. Otros deportes aconsejables
son la natación, la gimnasia suave y la bicicleta, siempre que se eviten los
sobreesfuerzos. El ejercicio siempre debe adaptarse a las circunstancias del
paciente y deben evitarse los deportes bruscos y violentos. Nunca realice
ejercicio después de las comidas principales o en condiciones de frío o calor
extremos.
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