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Enfermedad
Hipercolesterolemia
¿Qué es?
La hipercolesterolemia
consiste en la presencia de colesterol en sangre por encima de los niveles
considerados normales. Este aumento, que se asocia a problemas coronarios,
depende de la dieta, el sexo, el estilo de vida y la síntesis endógena. De esta
manera, en la concentración de colesterol en sangre intervienen factores
hereditarios y dietéticos, junto a otros relacionados con la actividad física.
Causas
Entre los factores que
influyen en el incremento del nivel de colesterol se encuentran:
- Dietas inadecuadas: La ingesta
abusiva de grasas animales o alcohol ocasiona que el organismo consuma
primero otros tipos de nutrientes favoreciendo que el colesterol no se
degrade y se acumule en las arterias.
- Enfermedades hepáticas, endocrinas y renales y la administración de ciertas sustancias aumentan la síntesis
de la lipoproteína LDL, que transporta el colesterol perjudicial para el
organismo.
- Hipercolesterolemia familiar: Se
trata de una enfermedad hereditaria ocasionada por un defecto genético que
impide que el colesterol LDL sea degradado, con lo que los niveles de
colesterol aumentan progresivamente. En estos casos es frecuente la
mortalidad temprana por infarto de miocardio o el engrosamiento de las
arterias causado por la arterosclerosis.
Tipos
El volumen de colesterol
circulante depende de su absorción intestinal, la síntesis endógena, la
captación tisular, el estado del metabolismo lipoproteico y la excreción
biliar. En definitiva, el nivel de colesterol dependerá de los alimentos
ingeridos y la capacidad de absorción de los receptores específicos. Asimismo,
se pueden distinguir dos tipos de hipercolesterolemia:
- Primaria:
derivada de problemas en los sistemas transportadores del colesterol y
factores genéticos. En este tipo de hipercolesterolemia se enmarcan las
dislipidemias.
- Secundaria: el
aumento de colesterol se asocia a ciertas enfermedades hepáticas
(hepatitis, colostasis y cirrosis), endocrinas (diabetes mellitus,
hipotiroidismo y anorexia nerviosa) y renales (síndrome nefrótico o
insuficiencia renal crónica). Además, existen algunas sustancias que
pueden aumentar los niveles de colesterol LDL (colesterol de baja densidad
conocido como ‘colesterol malo’) favoreciendo el desarrollo de
hipercolesterolemia, como los esteroides anabolizantes, los progestágenos,
los betabloqueantes y algunas sustancias hipertensivas.
Formas graves
Existen numerosos trastornos
que pueden ocasionar hipercolesterolemias graves, si bien su desarrollo se debe
normalmente a factores genéticos. Dentro de las formas más importantes de
colesterolemia se encuentran la hipercolesterolemia familiar, la
hipercolesterolemia poligénica grave, y la hipercolesterolemia familiar
combinada.
Hipercolesterolemia familiar: Consiste
en un trastorno grave ocasionado por una serie de mutaciones en el gen receptor
de las lipoproteínas de baja densidad que transportan el colesterol. Afecta a
una de cada 500 personas y los expertos estiman que más de un millón de
españoles sufren hipercolesterolemia familiar, aunque el 70 por ciento de ellos
no están diagnosticados ni en tratamiento. Existen formas heterocigóticas y
homocigóticas de la enfermedad. En la forma heterocigótica el enfermo sólo
tiene la mitad del número normal de receptores LDL y puede detectarse en
neonatos.
En estos casos el nivel de
colesterol se sitúa entre los 300 y 500 miligramos por decilitro (mg/dl). La
consecuencia de este trastorno es el desarrollo de enfermedad coronaria precoz,
que en los hombres aparece entre la cuarta y quinta década de vida, y en las
mujeres se manifiesta una década más tarde. Según los últimos estudios, el 75
por ciento de los hombres con hipercolesterolemia familiar que no han sido tratados
tendrán un infarto antes de los 60 años, y las mujeres antes de los 70. Además
de la dieta, esta forma de hipercolesterolemia requiere tratamiento
farmacológico.
La mayor parte de los enfermos
responden a una monoterapia con resinas, ácido nicotínico o estatinas, aunque
en los casos graves es necesario dos o incluso las tres sustancias de forma
combinada. En la forma homocigótica se da una ausencia casi total de la
superficie celular que eliminan las LDL. Se da en uno de cada millón de
habitantes y los afectados tienen una concentración de colesterol que oscila
entre los 700 y los 1.200 mg/dl. Provoca arterosclerosis precoz grave, que
puede manifestarse en las primeras décadas de vida. La escasa actividad de los
receptores provoca que sean resistentes a las dietas y los fármacos destinados
a reducir los niveles de colesterol. Para tratar este trastorno se utiliza
probucol, aunque también se ha recurrido al trasplante hepático para
proporcionar los receptores LDL que faltan. Este tratamiento reduce el
colesterol LDL y aumenta la respuesta a los fármacos hipocolesterolemiantes.
Sin embargo, requiere un estrecho control del órgano trasplantado, para lo que
se necesita una inmunosupresión continuada.
Hipercolesterolemia poligénica
grave: Se caracteriza por un nivel elevado de colesterol-LDL causado por
factores genéticos y ambientales. Está asociada a un mayor riesgo de
enfermedades cardiovasculares y cerca del 7 por ciento de los familiares de
primer grado de pacientes con una hipercolesterolemia poligénica presentan
concentraciones importantes de colesterol LDL. El nivel suele ser superior a
220 mg/dl. El tratamiento se basa en la administración de resinas ácido
nicotínico y estatinas. Generalmente no es necesaria la administración
combinada de las tres sustancias.
Hiperlipemia familiar combinada: En este
trastorno los afectados presentan niveles muy elevados de colesterol o de
triglicéridos. Se desconoce si la causa se encuentra en uno o varios factores
genéticos y no existen rasgos clínicos que permitan diagnosticarla. El
colesterol total se sitúa entre los 250 y 350 mg/dl, mientras que los
triglicéridos sufren importantes variaciones. El tratamiento consiste en una
reducción de peso y de la ingesta de grasas saturadas y colesterol. Para
controlar los niveles altos de triglicéridos puede administrarse ácido
nicotínico.
Diagnóstico
Tras realizar la exploración
física y establecer el nivel de colesterol en sangre se deben determinar los
factores que influyen en su aumento, como la dieta, la administración de algún
fármaco, o la presencia de alguna enfermedad, y los factores genéticos y de riesgo
que favorecen el desarrollo de enfermedades coronarias asociadas a la
hipercolesterolemia. La hipercolesterolemia secundaria también puede detectarse
mediante análisis de orina, midiendo la concentración sérica de tirotropina,
glucosa y fosfatasa alcalina.
Tratamientos
Generalmente todas las
personas que sufren hipercolesterolemia deben realizar un tratamiento dietético
para reducir el nivel de colesterol LDL, aumentar su actividad física y
eliminar los factores de riesgo que puedan favorecer el desarrollo de
patologías asociadas. El tratamiento farmacológico se reserva para los
pacientes que tienen un riesgo muy elevado de padecer enfermedades
cardiovasculares, formas graves de hipercolesterolemia, dislipemias secundarias
graves o que no han respondido al tratamiento dietético. Una vez establecido el
tratamiento hay que realizar controles periódicos de la concentración de
colesterol en sangre.
Tratamiento dietético: Su
principal objetivo es evaluar los hábitos alimenticios del paciente y
establecer una dieta individualizada en cuyo cumplimiento deben implicarse
seriamente no sólo el paciente sino también los médicos y la familia del
afectado. De esta manera se intenta alcanzar el máximo cumplimiento del
tratamiento. Una vez identificados los alimentos con alto contenido en grasas
saturadas y colesterol que ingiere habitualmente el enfermo, se evalúan otros
factores de riesgo modificables que puedan asociar la hipercolesterolemia con
otras patologías.
En la dieta, ha de tenerse en
cuenta que las calorías procedentes de las grasas no deben superar el 30 por
ciento del total de la dieta. Se recomienda que las grasas no superen el 30 por
ciento del total de la dieta, que aproximadamente el 10 por ciento de las
calorías procedan de las grasas saturadas, otro 10 por ciento de las
poliinsaturadas y un 10 por ciento de las monoinsaturadas. En todo caso el
colesterol debe ser inferior a 300 mg diarios.
Existen tres factores que
influyen especialmente en el aumento de colesterol: ácidos grasos saturados o
grasas saturadas, ingesta elevada de colesterol y desequilibrio entre el
consumo de calorías y el gasto energético. La dieta debe ser pobre en grasas
saturadas y colesterol, rica en ácidos grasos monoinsaturados, fibra vegetal e
hidratos de carbono. Generalmente la dieta reduce en un 30 por ciento la
ingesta de grasas, sustituyendo el consumo de grasas saturadas por el de insaturadas.
Asimismo, deben controlarse otros factores como el sobrepeso o la diabetes.
Tratamiento farmacológico: Las
sustancias más utilizadas para reducir la concentración de colesterol en sangre
son las resinas, el ácido nicotínico y las estatinas. Asimismo, pueden
utilizarse derivados del ácido líbrico, probucol o la terapia hormonal
sustitutiva con estrógenos.
Vacuna: De
momento no existe una vacuna que pueda frenar la concentración de colesterol y,
en consecuencia, la formación de placas arterioescleróticas. Numerosas
investigaciones intentan estimular la producción de anticuerpos naturales
específicos contra el colesterol, consiguiendo de esta manera una inmunización
anticolesterol. Sin embargo, la mayor parte de los especialistas se muestran escépticos.
Otros
datos
Medición. El nivel
de colesterol total se puede determinar con un análisis de sangre en ayunas
mediante la siguiente fórmula: Colesterol LDL= colesterol total –
colesterol-HDL (de alta densidad, ‘colesterol bueno’) – triglicéridos / 5 En el
caso de haber sufrido un traumatismo reciente, una infección severa, un cambio
de dieta o disminución de peso, un embarazo o una intervención quirúrgica, es
necesario realizar varios análisis de los lípidos, ya que su nivel puede no
corresponder con las concentraciones habituales en el paciente y por resultan
poco representativo. Después habrá que determinar si se trata de una
hipercolesterolemia primaria o secundaria. También hay que tener en cuenta los
posibles antecedentes familiares, que explican la hipercolesterolemia familiar.
Esta enfermedad puede
detectarse en neonatos mediante un análisis de la sangre del cordón, aunque
esta prueba no llega a ser del todo fiable ya que presenta muchos falsos
positivos. Además, el tratamiento en niños debe posponerse hasta el segundo año
de vida. Aunque no existe un nivel mínimo de colesterol recomendado, sí se
conoce el nivel a partir del cual aumenta el riesgo de padecer enfermedades
coronarias.
Consecuencias clínicas: La
principal consecuencia del exceso de colesterol en sangre es el desarrollo de
enfermedades coronarias. Numerosos estudios han demostrado que las EC son más frecuentes
en poblaciones cuya alimentación es rica en grasas saturadas y colesterol, y
tienen niveles séricos de colesterol elevados, mientras que en las poblaciones
con niveles bajos de colesterol LDL, como Japón y China, es más baja la tasa de
enfermedades coronarias. La hipercolesterolemia está íntimamente ligada a la
arterosclerosis, una alteración degenerativa que afecta a las arterias en las
que se forman placas de ateroma. Estas placas de ateroma son depósitos de
diversos lípidos, especialmente colesterol, proteínas y sales de calcio, que
obstruyen total o parcialmente los vasos de las arterias y provoca una falta de
riego.
Si la falta de riego se
localiza en las arterias coronarias que irrigan el corazón se puede producir
una angina de pecho o un infarto de miocardio. Si se produce en las arterias
cerebrales son frecuentes las hemorragias y trombosis cerebrales. Cuando la
obstrucción se localiza en las extremidades puede favorecer la gangrena de un
miembro y, en el peor de los casos, su amputación. Asimismo, la arterosclerosis
provoca aneurismas o dilataciones excesivas de la aorta que pueden provocar su
rotura.
El exceso de colesterol en
sangre puede depositarse en diversos lugares del organismo, como la córnea,
donde se forman placas amarillentas en la piel y los párpados. Otros factores
que facilitan la aparición de ateromas son el consumo de tabaco, la diabetes,
la obesidad abdominal y la pertenencia al sexo masculino.
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