Evangelio Dominical
16 Marzo 2008
Domingo de Ramos
(A)
Mateo 26,14 – 27,66
Cargar con la Cruz
Lo que nos hace cristianos es seguir a Jesús. Nada más. Este
seguimiento a Jesús no es algo teórico o abstracto. Significa seguir sus pasos,
comprometernos como él a «humanizar la vida», y vivir así contribuyendo a que,
poco a poco, se vaya haciendo realidad su proyecto de un mundo donde reine Dios
y su justicia.
Esto quiere decir que los seguidores de Jesús estamos
llamados a poner verdad donde hay mentira, a introducir justicia donde hay
abusos y crueldad con los más débiles, a reclamar compasión donde hay
indiferencia y pasividad ante los que sufren. Y esto exige construir
comunidades donde se viva con el proyecto de Jesús, con su espíritu y sus
actitudes.
Seguir así a Jesús trae consigo, más tarde o más temprano,
conflictos, problemas y sufrimiento. Hay que estar dispuesto a cargar con las
reacciones y resistencias de quienes, por una razón u otra, no buscan un mundo
más humano, tal como lo quiere ese Dios revelado en Jesús. Quieren otra cosa.
Los evangelios han conservado una llamada realista de Jesús
a sus seguidores. Lo escandaloso de la imagen sólo puede provenir de él: «Si
alguno quiere venir detrás de mí… cargue sobre las espaldas su cruz y sígame».
Jesús no los engaña. Si le siguen de verdad, tendrán que compartir su destino.
Terminarán como él. Esa será la mejor prueba de que su seguimiento es fiel.
Seguir a Jesús es una tarea apasionante: es difícil
imaginar una vida más digna y noble. Pero tiene un precio. Para seguir a Jesús,
es importante «hacer»: hacer un mundo más justo y más humano; hacer una
Iglesia más fiel a Jesús y más coherente con el evangelio. Sin embargo, es tan
importante o más «padecer»: padecer por un mundo más digno; padecer por
una Iglesia más evangélica.
Al final de su vida, el teólogo K. Rahner escribió así: «Creo
que ser cristiano es la tarea más sencilla, la más simple y, a la vez, aquella
pesada «carga ligera» de que habla el evangelio. Cuando uno carga con ella,
ella carga con uno, y cuanto más tiempo viva uno, tanto más pesada y más ligera
llegará a ser. Al final sólo queda el misterio. Pero es el misterio de Jesús».
José Antonio Pagola