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Evangelio Dominical
9 Marzo 2008
5 Cuaresma (A)
Juan 11,1-45
¡EN LOS SEPULCROS
HAY VIDA!
El adiós definitivo a un
ser muy querido nos hunde inevitablemente en el dolor, la impotencia y la falta
de sentido. Es como si la vida entera quedara destruida. No hay palabras ni
argumentos que nos puedan consolar. ¿En qué se puede esperar?
El relato de Juan no
tiene sólo como objetivo narrar la resurrección de Lázaro, sino, sobre todo,
despertar la fe, no para que creamos en la resurrección como un hecho lejano
que ocurrirá al fin del mundo, sino para que «veamos» desde ahora que Dios está
infundiendo vida a los que nosotros hemos enterrado.
Jesús llega «sollozando»
hasta el sepulcro de su amigo Lázaro. El evangelista dice que «está cubierto con una losa». Esa losa
nos cierra el paso. No sabemos nada de nuestros amigos muertos. Una losa separa
el mundo de los vivos y de los muertos. Sólo nos queda esperar el día final
para ver si sucede algo.
Esta es la fe judía de
Marta: «Sé que mi hermano resucitará en la resurrección del último día».
A Jesús no le basta. «Quitad la losa». Vamos a ver qué es lo que sucede
con el que habéis enterrado. Marta pide a Jesús que sea realista. El muerto ha
empezado a descomponerse y «huele mal». Jesús le responde: «Si crees,
verás la gloria de Dios». Si en Marta se despierta la fe, podrá «ver» que
Dios está dando vida a su hermano.
«Quitan la losa»
y Jesús «levanta los ojos a lo alto» invitando a todos a elevar la
mirada hasta Dios antes de penetrar con fe en el misterio de la muerte. Ha
dejado de sollozar. «Da gracias» al Padre porque «siempre lo escucha».
Lo que quiere es que los que lo rodean «crean» que es el Enviado por el
Padre para introducir en el mundo una nueva esperanza.
Luego «grita con voz
potente: Lázaro, sal fuera». Quiere que salga para mostrar a todos que está
vivo. La escena es impactante. Lázaro tiene «los pies y las manos atados con
vendas» y «la cara envuelta en un sudario». Lleva los signos y
ataduras de la muerte. Sin embargo, «el muerto sale» por sí mismo. ¡Está
vivo!
Esta es la fe de quienes
creemos en Jesús: los que nosotros enterramos y abandonamos en la muerte viven.
Dios no los ha abandonado. Apartemos la losa con fe. ¡Nuestros muertos están
vivos!
José Antonio Pagola
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