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Evangelio Dominical
20 Enero 2008
2 Tiempo Ordinario
(A)
Juan 1,29-34
DEJARNOS BAUTIZAR POR EL ESPÍRITU
Los evangelistas se
esfuerzan por diferenciar bien el bautismo de Jesús del bautismo de Juan. No
hay que confundirlos. El bautismo de Jesús no consiste en sumergir a sus
seguidores en las aguas de un río. Jesús sumerge a los suyos en el Espíritu
Santo.
El evangelio de Juan lo
dice de manera clara. Jesús posee la plenitud del Espíritu de Dios y, por eso,
puede comunicar a los suyos de esa plenitud. La gran novedad de Jesús consiste
en que Jesús es «el Hijo de Dios» que puede «bautizar con Espíritu
Santo».
Este bautismo de Jesús
no es un baño externo, parecido al que algunos han podido conocer tal vez en
las aguas del Jordán. Es un «baño interior». La metáfora sugiere que Jesús
comunica su Espíritu para penetrar, empapar y transformar el corazón de la
persona.
El Espíritu Santo es
considerado por los evangelistas como «Espíritu de vida». Por eso,
dejarnos bautizar por Jesús significa acoger su Espíritu como fuente de vida
nueva. Su Espíritu puede potenciar en nosotros una relación más vital con él.
Nos puede llevar a un nuevo nivel de existencia cristiana, a una nueva etapa de
cristianismo más fiel a Jesús.
El Espíritu de Jesús es
«Espíritu de verdad». Dejarnos bautizar por él es poner verdad en
nuestro cristianismo. No dejarnos engañar por falsas seguridades. Recuperar una
y otra vez nuestra identidad irrenunciable de seguidores de Jesús. Abandonar
caminos que nos desvían del evangelio.
El Espíritu de Jesús es «Espíritu
de amor», capaz de liberarnos de la cobardía y del egoísmo de vivir
pensando sólo en nuestros intereses y nuestro bienestar. Dejarnos bautizar por
él es abrirnos al amor solidario, gratuito y compasivo.
El Espíritu de Jesús es
«Espíritu de conversión» a Dios. Dejarnos bautizar por Jesús significa
dejarnos transformar lentamente por él. Aprender a vivir con sus criterios, sus
actitudes, su corazón y su sensibilidad hacia todo lo que deshumaniza a los
hijos e hijas de Dios.
El Espíritu de Jesús es
«Espíritu de renovación». Dejarnos bautizar por él es dejarnos atraer por su
novedad creadora. Él puede despertar lo mejor que hay en la Iglesia y darle un
«corazón nuevo», con mayor capacidad de ser fiel al evangelio.
José
Antonio Pagola
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