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Artículos Médico –
Sociales
Síndrome de la Boca
Ardiente
Es una entidad tan molesta y desagradable que puede
afectar notablemente la calidad de vida de las personas que la padecen.
Lamentablemente es mucho más frecuente de lo que podemos imaginar.
Es un síndrome (conjunto de signos y síntomas)
caracterizado por la presencia de sensación de quemazón, escozor, ardor, picor
o dolor en la mucosa de la boca, que es normal a la exploración clínica. Puede
haber sensación de sabor amargo, sabor metálico y en algunos casos pérdida de
sabor. Frecuentemente se mantiene una sensación de boca escaldada. Hay una
evidente manifestación de disconfort bucal, que puede originar una disfunción
oral unido a una compleja asociación con trastornos del estado psicológico. Es
de causa desconocida. Afecta frecuentemente a las personas mayores de 60 años y
a mujeres después de la menopausia.
La hiposalivación y la xerostomia (boca seca) son
entidades diferentes, pero que pueden estar asociadas al síndrome de boca
ardiente. No obstante se debe distinguir entre ambas entidades debido a que
implican diferentes consecuencias y precisan distintos tratamientos.
Ha sido definida como una alteración neuropática
mantenida por factores que predisponen a padecerla, como factores locales de la
cavidad oral, enfermedades sitemicas y estados psicológicos (estrés, ansiedad).
Cuando se asocia xerostomia con síndromes de boca ardiente
pueden indicar disfunción de las glándulas salivales o ser un efecto secundario
del uso de medicamentos, pero también puede provenir de desorden psicológico,
como ansiedad o depresión. Resulta importante en las personas que padecen
varias enfermedades e ingieren múltiples fármacos detectar los que pueden ser
xerostomizantes (secar la boca).
Las molestias sensitivo-dolorosas originadas en la
boca pueden conducir a alteraciones del estado de bienestar de la persona,
provocando interacciones psicosociales y de la salud en general. La cavidad
oral no solo es la vía de alimentación y de comunicación sino también una zona
primaria de placer, que muy frecuentemente refleja la presencia de alteraciones
del organismo y somatizaciones psicológicas, por lo que está demostrado que
esta relación puede influir de forma significativa en la percepción de la
calidad de vida por parte de la persona que padece el síndrome de la boca
ardiente.
Presenta un curso evolutivo crónico y la magnitud de
los síntomas que provocan pueden variar desde una ligera molestia hasta una
interrupción completa de la función. Los síntomas son de carácter persistente y
en general hacen difícil el manejo del paciente, lo que produce en muchas
personas desesperación y sensación de
frustración. En algunos casos puede haber remisión espontánea. Otros síntomas
son sed continua, sequedad de garganta, alteración del gusto, sabor
desagradable en la boca, dolor facial y dolor dental atípico. Los síntomas sin
relación con la boca son dolor de cabeza, insomnio, letargo durante el día,
irritabilidad, vértigo, palpitaciones, ojos secos y escozor vaginal. Se deben
descartar al realizar el diagnóstico los siguientes trastornos: liquen plano
oral, candidiasis, lengua geográfica, síndrome de Sjoegren, neuropatía
diabética, lupus eritematoso discoide y déficit nutricionales.
Se conoce bajo muchas denominaciones, como glosodinia, glosopirosis, estomatodinia, estomatopirosis, y disestesia oral.
El término glosodinia se emplea cuando la sensación
referida es dolor en la lengua, estomatodinia cuando afecta varios sitios de la
mucosa bucal, cuando la sensación es de escozor o ardor localizado en la lengua
o generalizado en la mucosa el término empleado es glosopirosis y
estomatopirosis, respectivamente. La disestecia se refiere a la presencia de una sensación
anormal desagradable cualquiera.
Resulta fundamental un adecuado estudio
individualizado para poder controlar las desagradables molestias que el
síndrome de la boca ardiente produce.
Factores de riesgo:
Consumo de hipotensores y
diuréticos
Cuadros de ansiedad y estés
Depresión
Disminución de la producción
de saliva
Intolerancia a prótesis
dentarias
Disfunción de la
articulación temporomandibular
Tabaquismo
Malnutrición
Déficit vitamínicos
Trastornos hormonales
Anemia: por déficit de
hierro o vitamina B-12
Menopausia reciente
Pérdida de múltiples
piezas dentarias
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