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Evangelio
Dominical
13 Enero 2008
El Bautismo del Señor (A)
Mateo 3,13-17
EL ESPÍRITU BUENO DE DIOS
Jesús no es un hombre vacío ni
disperso interiormente. No actúa por aquellas aldeas de Galilea de manera
arbitraria ni movido por diferentes intereses. Los evangelios dejan claro desde
el principio que Jesús vive y actúa movido por «el Espíritu de Dios».
No quieren que se le confunda con
cualquier «maestro de la ley», preocupado por introducir más orden en el
comportamiento de Israel. No quiere que se le identifique con un profeta falso,
dispuesto a buscar un equilibrio entre la religión del templo y el poder de
Roma.
El evangelista Mateo quiere, además,
que nadie lo equipare con el Bautista. Que nadie lo vea como un simple
discípulo y colaborador de aquel gran profeta del desierto. Jesús es «el
Hijo amado» de Dios. Sobre él «desciende» el Espíritu de Dios. Sólo
él puede «bautizar» con Espíritu Santo y con fuego.
Según toda la tradición bíblica, el «Espíritu
de Dios» es el aliento de Dios que crea, envuelve y sostiene la vida
entera. La fuerza que Dios posee para renovar y transformar a los vivientes. Su
energía amorosa que busca siempre lo mejor para sus hijos e hijas.
Por eso, Jesús se siente enviado, no a
condenar, destruir o maldecir, sino a curar, construir y bendecir. El Espíritu
de Dios lo conduce a potenciar y mejorar la vida. Lleno de ese «Espíritu»
bueno de Dios, se dedica a liberar de «espíritus malignos», que no hacen
sino dañar, esclavizar y deshumanizar.
Las primeras generaciones cristianas
tenían muy claro lo que había sido Jesús. Así resumían el recuerdo que dejó grabado
en sus seguidores: «Ungido por Dios con el Espíritu Santo…, pasó la vida
haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios
estaba con él».
¿Qué «espíritu» nos anima hoy a los
seguidores de Jesús? ¿Cuál es la «pasión» que mueve a la Iglesia? ¿Cuál es la
«mística» que hace vivir y actuar a nuestras comunidades? ¿Qué estamos poniendo
en el mundo? Si el Espíritu de Jesús está en nosotros, viviremos «curando»
a tantos oprimidos, deprimidos, reprimidos y hasta suprimidos por el mal.
José Antonio Pagola
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