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Evangelio Dominical
30 Diciembre 2007
La Sagrada Familia
(A)
Mateo 2,13-15.19-23
Hijo de Emigrantes
De ordinario los cristianos imaginamos a María y José
disfrutando en su casita de Nazaret de su hijo Jesús en un clima de paz y
felicidad envidiables. No es ésta la imagen que nos ofrece el evangelista Mateo
de la «sagrada familia». Su sombrío relato de los primeros años de Jesús rompe
toda la «poesía» que nosotros le ponemos a la Navidad.
Según Mateo, la familia de Jesús no ha podido vivir
tranquila. Herodes quiere acabar con el niño para que no le arrebate un día su
poder. José tiene que actuar con rapidez. El peligro es inminente. Coge al niño
y a su madre «de noche», y, sin esperar un nuevo amanecer, «huye a
Egipto».
La ruta es dura y peligrosa. María y José recuerdan las
penalidades sufridas por su pueblo en aquel mismo desierto. Ahora las están
reviviendo con su hijo Jesús. Los tres buscan asilo en un país extraño, lejos
de su tierra y de los suyos. Todo es incertidumbre e inseguridad. No saben
cuándo podrán volver. Ya se les avisará.
Muerto Herodes, la familia respira y emprende el viaje hacia
su hogar. Pero en Judea «reina Arquelao» un hombre conocido, según
Flavio Josefo, por su crueldad y tiranía. José «siente miedo». No es un
lugar seguro para Jesús. Se desplazarán a Galilea y se establecerán en Nazaret,
una aldea perdida entre montañas, que de momento parece un lugar menos
peligroso.
Así vive la «sagrada familia»: defendiendo a su hijo para
que pueda sobrevivir, emigrando de un lugar a otro en busca de pan y trabajo,
sin hogar seguro en medio de una tierra dominada por «reyes» poderosos
como Herodes o Arquelao.
Ésta es la gran noticia de la Navidad. Dios no ha nacido
para que los privilegiados de la tierra lo celebremos con cenas abundantes y
regalos superfluos. Ha nacido para compartir nuestra vida, poniendo esperanza
en quienes no pueden esperar gran cosa de nadie si no es de Dios.
Según el evangelio de Mateo, Dios se ha hecho hijo de
emigrantes. Desde niño ha vivido amenazado, como tantos niños y niñas,
amenazados hoy por el hambre, la miseria, las guerras y los abusos. El Dios de
Belén es de ellos, antes que de nadie. Que nadie pretenda apropiarse de este
Dios olvidando a sus hijos e hijas más pequeños.
José Antonio Pagola
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