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Evangelio Dominical
9 Diciembre 2007
2 Adviento (A)
Mateo 3,1-12
Conversión Sostenida
Entre el otoño del año 27 y
la primavera del 28 aparece en el horizonte religioso de Palestina un profeta
original e independiente que provoca un fuerte impacto en el pueblo. Su nombre
es Juan. Las primeras generaciones lo vieron siempre como el hombre que preparó
el camino a Jesús.
Hay algo nuevo y sorprendente
en este profeta. No predica en Jerusalén como Isaías y otros profetas: vive
apartado de la elite del templo. Tampoco
es un profeta de la corte: se mueve lejos del palacio de Antipas. De él se dice
que es «una voz que grita en el desierto», un lugar que no puede ser
fácilmente controlado por ningún poder.
No llegan hasta el desierto
los decretos de Roma ni las órdenes de Antipas. No se escucha allí el bullicio
del templo. Tampoco se oyen las discusiones de los maestros de la ley. En
cambio, se puede escuchar a Dios en el silencio y la soledad. Es el mejor lugar
para iniciar la conversión a Dios preparando el camino a Jesús.
Éste es precisamente el
mensaje de Juan: «Convertíos»: «Preparad el camino del Señor, allanad
sus senderos». Este «camino del Señor» no son las calzadas romanas
por donde se mueven las legiones de Tiberio. Estos «senderos» no son los
caminos que llevan al templo. Hay que abrir caminos nuevos al Dios que llega
con Jesús.
Esto es lo primero que
necesitamos también hoy: convertirnos a Dios, volver a Jesús, abrirle caminos
en el mundo y en la Iglesia. No se trata de un «aggiornamento» ni de una
adaptación al momento actual. Es mucho más. Es poner a la Iglesia entera en
estado de conversión.
Probablemente se necesitará
mucho tiempo para poner la compasión en el centro del cristianismo. No será
fácil pasar de una «religión de autoridad» a una «religión de llamada». Pasarán
años hasta que en las comunidades cristianas aprendamos a vivir para el reino
de Dios y su justicia. Se necesitarán cambios profundos para poner a los pobres
en el centro de nuestra religión.
A Jesús sólo se le puede
seguir en estado de conversión. Necesitamos alimentar una «conversión
sostenida». Una actitud de conversión que hemos de transmitir a las siguientes
generaciones. Sólo una Iglesia así es digna de Jesús.
José Antonio Pagola
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