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Noticias Científicas
El cerebro está profundamente
implicado en las experiencias místicas
Se producen gracias a una red
neuronal distribuida por todo el cerebro, según un estudio
Un
nuevo estudio realizado por neurocientíficos canadienses ha descubierto que las
experiencias místicas se producen gracias a una red neuronal que se encuentra
distribuida por todo el cerebro. Un grupo de monjas carmelitas participó en
diversas pruebas mientras sus cerebros eran analizados con imágenes de
resonancia magnética, poniendo al descubierto la gran cantidad y diversidad de
regiones cerebrales implicadas en las experiencias místicas. No existe por
tanto una región específica del cerebro para la espiritualidad, pero en cambio
se confirma que cualquier cerebro está preparado para vivir experiencias
místicas, según los autores de la investigación. Por Vanessa Marsh.
Los neurocientíficos Mario Beauregard y Vicent Paquette,
de la universidad de Montreal, en Canadá, han realizado un estudio
en el que se ha utilizado la técnica de imágenes de resonancia magnética (fMRI),
que permite registrar la actividad cerebral, para identificar los cambios en el
cerebro cuando un individuo atraviesa una experiencia mística. El estudio se
realizó con la colaboración de monjas carmelitas.
El estudio lo publicó en 2006 la revista Neuroscience Letters, pero
Beaugerard acaba de publicar un libro, titulado The Spiritual Brain, en
el que desarrolla los resultados de la investigación con las monjas carmelitas
y plantea que con sus trabajos ha quedado comprobado que las experiencias
místicas pueden ser documentadas y que tienen un origen inmaterial. La revista World
Magazine acaba de publicar asimismo una entrevista con Beaugerard y la
coautora del libro, la periodista Denyse O'Leary.
Durante la investigación, se midió la actividad cerebral de un grupo de monjas
de la orden de las Carmelitas cuando éstas se sentían en un estado subjetivo de
unión con Dios. Se descubrió así que la experiencia implicaba diversas partes
del cerebro, como la corteza orbitofrontal central, el lado derecho de la
corteza temporal media, los lóbulos parietales inferior y superior derechos, la
corteza izquierda prefrontal media o la corteza cingulada anterior izquierda,
entre otras.
Según informa al respecto Scientific American en su edición del 3 de
octubre, de este estudio se desprende que los estados místicos profundos, o la
experiencia religiosa, implican una amplia gama de regiones cerebrales, más de
las que anteriores estudios habían establecido.
La investigación tenía como principal objetivo verificar una hipótesis
formulada en la Universidad de California en San Diego hace una década,
conocida como "punto de Dios". Esta hipótesis situaba la experiencia
mística en el lóbulo temporal y se basa en el estudio de numerosos enfermos de
epilepsia del lóbulo temporal, que con frecuencia relatan experiencias
místicas.
Según la investigación de Beaugerard, sin embargo, el "punto de Dios"
no existe en el cerebro, ya que cuando una persona vive una experiencia
mística, todo su cerebro se ve implicado, señala Nature, si bien queda
de manifiesto que el cerebro tiene la capacidad de vivir experiencias místicas
y que por tanto cualquier persona, independientemente de si comparta o no una
fe religiosa, es susceptible de vivir estas experiencias.
Para definir las funciones cerebrales implicadas en la experiencia mística
fueron analizados los cerebros de 15 monjas carmelitas durante tres estados
mentales diferentes. En dos de ellos, las monjas debían cerrar los ojos y
recordar una experiencia social intensa. En un tercero, debían revivir una
experiencia intensa de relación con Dios que hubieran tenido anteriormente.
Durante el experimento, fueron recogidas imágenes de resonancia magnética de
cortes transversales del cerebro cada tres segundos, y del cerebro completo
cada dos minutos. Una vez registrada la actividad cerebral, los científicos
compararon los patrones de activación en las distintas situaciones (el recuerdo
social y el místico), descubriendo las áreas del cerebro que se activaban con
más fuerza durante la experiencia mística que en los otros casos.
Todo el cerebro implicado
De esta forma descubrieron que la memoria espiritual vigoriza varias regiones
cerebrales durante estos recuerdos, como el núcleo caudado, que es la región
del centro del cerebro relacionada con el aprendizaje, la memoria o el
enamoramiento (de ahí, tal vez, la sensación de amor incondicional a la que
aluden los místicos).
También descubrieron otra zona cerebral activada, la corteza insular o ínsula,
vinculada a las emociones y a los sentimientos, y que podría estar en el origen
de las emociones agradables que suelen asociarse a las conexiones con lo
divino.
Por último constataron que también se activó el lóbulo parietal del cerebro
(relacionado con la conciencia espacial), lo que podría explicar la sensación
de hallarse inmerso en algo mucho mayor que nosotros mismos típica de este tipo
de experiencias.
Según los investigadores, la cantidad (una docena) y diversidad de regiones
cerebrales implicadas apunta a que el fenómeno de la espiritualidad es
altamente complejo en el ser humano. De hecho, estos estados se producen
gracias a una red neuronal que se encuentra distribuida por todo el cerebro,
asegura Beauregard.
Beauregard explica sobre los resultados de su investigación que anteriores
estudios neurológicos se han centrado en la relación entre la meditación y la
oración, pero no sobre la experiencia mística en sí misma, por lo que eligieron
a las monjas carmelitas contemplativas debido a su tradición mística. Los
estudios neurológicos anteriores sobre estos procesos se han desarrollado con
monjes budistas, practicantes de la meditación, y franciscanos, practicantes de
la oración, por lo que la investigación de Beaugerard constituye un desarrollo
de las investigaciones anteriores.
Necesidad de comprender
El interés por definir el papel del cerebro en la experiencia mística ha ido
aumentando con la llegada de nuevas tecnologías de medición de la actividad de
las neuronas. Conocer lo que sucede durante la oración o la meditación o
durante episodios inspirados de fervor religioso a nivel neuronal podría
ayudar, señalan los científicos, a inducir este tipo de experiencias de manera
artificial, dado el efecto positivo que parecen tener en el ser humano.
Por otro lado, a los científicos les resulta importante comprender mejor las
bases neuronales de un fenómeno que ha jugado siempre un papel central en todas
las culturas y tiempos, de la misma forma que les interesa conocer las bases
neuronales de la emoción, la memoria o el lenguaje.
Tal y como explica Mario Toboso en otro artículo de Tendencias21, el
descubrimiento de las facultades espirituales en el cerebro ha suscitado todo
un debate científico. Mediante modernos sistemas de análisis de imágenes
cerebrales se han ido identificando en laboratorio las regiones del cerebro que
incrementan o disminuyen su actividad en las experiencias religiosas.
Se han realizado asimismo estudios que implicaban ejercicios de meditación
profunda, basada en el uso de imágenes mentales, o de oraciones, dando lugar a
una nueva ciencia denominada neuroteología, que estudia la neurología
del sentimiento religioso y de la espiritualidad.
Voluntarios de diversas confesiones religiosas han sido analizados en sus
momentos de meditación, en investigaciones realizadas por especialistas como James
Austin (del Instituto Tecnológico de Massachussets) o Andrew
Newberg y Eugene D'Aquili, de la Universidad de Pennsylvania.
Capacidad trascendente del cerebro
Estos últimos descubrieron por ejemplo que, en el estado de meditación
profunda, se desactivan regiones del cerebro reguladoras de la construcción de
la propia identidad, lo que permite que el sujeto pierda durante su práctica el
sentido del propio yo individual, que establece la frontera entre él mismo y
todo lo demás, y se sienta así integrado en una totalidad única transcendente.
Asimismo, las imágenes cerebrales obtenidas por medio de la tomografía
computerizada por emisión de un solo fotón (SPECT), sobre voluntarios en
meditación, han revelado una actividad inusual de la región prefrontal
dorsolateral y un decaimiento de la actividad del área de orientación del
lóbulo parietal, que procesa la información sobre el espacio y la ubicación del
cuerpo en el mismo: determina dónde termina el propio cuerpo y comienza el
espacio exterior.
En conclusión, de este conjunto de investigaciones, que todavía no pueden
considerarse concluyentes, se desprende que el cerebro alberga la capacidad de
conectar con una realidad que transciende la de los objetos, tanto físicos como
mentales, percibida habitualmente, lo que confirma una experiencia común
descrita por las diferentes tradiciones religiosas.
Al mismo tiempo, estas investigaciones ponen de manifiesto únicamente lo que
realmente podemos saber, es decir, las reacciones cerebrales ante determinadas
experiencias, pero en ningún caso pretenden establecer el carácter espiritual o
místico de estas experiencias, ni mucho menos explicar o demostrar una realidad
trascendente más allá de la percibida ordinariamente.
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