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La sangre modula la forma en
que las neuronas procesan la información
El hallazgo modificará las
terapias para enfermedades como el Alzheimer, la esquizofrenia o la epilepsia
La
sangre no sirve sólo como sustento y nutrición para el cerebro, sino que,
además, modula la forma en que las neuronas procesan la información, según una
investigación del MIT. Estos científicos han comprobado que cambios localizados
en el flujo de sangre afectan a la actividad de las neuronas cercanas,
modificando la forma en que éstas se transmiten las señales unas a otras y, por
lo tanto, regulando el flujo de información por todo el cerebro. El hallazgo
podría suponer beneficios médicos para enfermedades como la demencia o la
epilepsia. Por Vanessa Marsh.
La sangre nos ayuda a pensar porque modula activamente la manera en
que nuestras neuronas procesan la información, asegura un equipo de científicos
del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), en Estados Unidos, en
un artículo que ha publicado la revista especializada Journal of
Neurophysiology.
La sangre alimenta al cerebro, al igual que al resto del organismo, con los
nutrientes y el oxígeno necesario para proporcionar energía a las células. Por
esa razón, los problemas y crisis cardiovasculares pueden tener un impacto
profundo en el cerebro. Las embolias, por ejemplo, en las que un coágulo
bloquea el flujo de sangre hacia el cerebro, dejan con frecuencia a los que las
padecen incapacitados o muertos.
Pero la relación entre sangre y cerebro va mucho más allá, asegura Christopher
Moore, investigador principal en el Instituto McGovern para la
Investigación del Cerebro en el MIT, en un comunicado. Según Moore,
diversas evidencias sugieren que la sangre tiene una función en el cerebro más
compleja que la de servir sólo como suministro porque podría modular la forma
en que las neuronas transmiten sus señales, lo que cambiaría nuestra manera de
pensar acerca del funcionamiento del cerebro.
Control
de la actividad cerebral
La hipótesis de Moore es que la sangre no es sólo un sistema de sustento del
cerebro, sino que realmente ayuda a controlar la actividad de este órgano. En
concreto, cambios localizados en el flujo de sangre afectan a la actividad de
las neuronas cercanas, modificando la forma en que éstas se transmiten las
señales unas a otras y, por lo tanto, regulando el flujo de información por
todo el cerebro, tal y como demostraron estudios llevados a cabo por Moore en
laboratorio.
Esta teoría tendría implicaciones para la comprensión de enfermedades del
cerebro como el Alzheimer, la esquizofrenia, la esclerosis múltiple y la
epilepsia. Según el científico, muchas enfermedades neurológicas e incluso
psiquiátricas podrían sociarse a cambios en el sistema vascular.
La mayoría de la gente, dice Moore, asume que los síntomas de estas
enfermedades son consecuencias secundarias del daño en las neuronas. Pero lo
que el científico propone es que podría haber un factor causal en el proceso
del deterioro, vinculado a la sangre, y que esto supondría la necesidad de
tratamientos completamente nuevos.
Tratamientos
alternativos
Por ejemplo, los vasos sanguíneos de los enfermos de epilepsia a menudo son
anormales en la región cerebral en la que se producen los ataques. Si este
flujo anormal de los vasos sanguíneos puede inducir a episodios de epilepsia,
como sugiere la hipótesis, los medicamentos destinados a la sangre podrían ser
una alternativa a las terapias actuales.
Esta hipótesis también tendría importantes implicaciones para las imágenes de
resonancia magnética (MRI), muy utilizadas como método de escaneo cerebral para
indicar los cambios locales en el flujo sanguíneo del cerebro.
Según los científicos del MIT, los especialistas que analizan este tipo de
cambios en la sangre (de fluido y volumen) lo consideran como un proceso
secundario que sólo proporciona información sobre la actividad neuronal. Sin
embargo, si sabemos que el fluido sanguíneo conforma la actividad neuronal y el
comportamiento, podrían utilizarse las imágenes captadas por el escáner de
resonancia magnética para comprender el procesamiento de información en el
cerebro.
Moore y su equipo han utilizado esta herramienta para estudiar el homúnculo
sensorial, que es una figura humana distorsionada que, como un mapa,
reflejaría el espacio sensorial relativo a nuestras partes corporales en la
corteza cerebral. Los labios, manos, pies y órganos sexuales son
considerablemente más sensibles que otras partes del cuerpo, por lo que el
homúnculo tiene labios, manos y genitales extremadamente grandes.
Influencia
sanguínea
Las imágenes de MRI demostraron que cuanta más sangre fluye en el área que
representa la punta del dedo, las personas perciben con mayor facilidad un
golpe en el dedo. Esto sugiere que la sangre afecta a la función de esta región
cerebral y que la información acerca del flujo sanguíneo en dicha región
serviría para predecir la futura actividad del cerebro.
Pero, ¿a qué se debe esta influencia de la sangre sobre el cerebro? La sangre
contiene factores disueltos que podrían filtrarse de los vasos para afectar a
la actividad neuronal. Por otro lado, los cambios en el volumen de la sangre
podrían afectar a la concentración de dichos factores disueltos.
Además, las neuronas y las células denominadas gliales (en conjunto conocidas
como neuroglía, y que son las células que cumplen funciones de sostén y
nutrición siendo su número de entre 10 a 50 veces mayor que el de las neuronas)
reaccionarían a las fuerzas mecánicas de los vasos sanguíneos expandiéndose y
contrayéndose.
Y, por último, la temperatura del tejido cerebral se vería modificada por la
influencia de la sangre, lo que también afectaría a la actividad neuronal. Por
todo eso, Moore concluye que debe mirarse el cerebro de una manera
completamente nueva, considerando que el sistema circulatorio podría ser
responsable del Funcionamiento
cerebral.
El sistema vascular del cerebro es una red compleja e interconectada que se
comunica íntimamente con las neuronas o la neuroglía. Típicamente, se ha
considerado que la hemodinámica (rama de la fisiología que trata de las
fuerzas que influyen en la circulación de la sangre) no era más que un sistema
metabólico de sustento. Si, como defienden los investigadores, además juega un
papel en el procesamiento de información a través de la modulación de la
actividad neuronal, el hallazgo podría suponer beneficios médicos para
problemas como la demencia o la epilepsia.
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