Jesús Ama a los Ricos
4 Noviembre 2007
31
Tiempo Ordinario C
Lucas
19,1-10
El encuentro de Jesús
con el rico Zaqueo es un relato conocido. La escena ha sido muy trabajada por
Lucas, preocupado tal vez por la dificultad que encontraban algunas familias
ricas para integrarse en las primeras comunidades cristianas.
Zaqueo es un rico bien
conocido en Jericó. «Pequeño de estatura», pero poderoso «jefe de los
recaudadores » que controlan el paso de mercancías en una importante
encrucijada de caminos. No es un hombre querido. La gente lo considera un «pecador»,
excluido del pueblo creyente. Vive explotando a los demás. «No es hijo de
Abraham».
Sin embargo, este hombre
quiere ver «quién es Jesús». Ha oído hablar de él, pero no lo conoce. No
le importa hacer el ridículo actuando de manera poco acorde con su dignidad:
como un chiquillo más, «corre» para tomar la delantera a todos y «se
sube a un sicómoro». Solo busca «ver» a Jesús. Probablemente, ni él
mismo sabe que está buscando paz, verdad, un sentido diferente para su vida.
Al llegar Jesús a aquel
punto, «levanta los ojos» y ve a Zaqueo. El relato sugiere un
intercambio de miradas entre el profeta defensor de los pobres y aquel rico
explotador. Jesús lo llama por su nombre: «Zaqueo, baja en seguida». No
hay que perder más tiempo. «Hoy mismo tengo que alojarme en tu casa y estar
contigo». Jesús quiere entrar en el mundo de este rico.
Zaqueo le abre la puerta
de su casa con alegría. Le deja entrar en su mundo de dinero y poder mientras
en Jericó todos critican a Jesús por haber entrado «en casa de un pecador».
Al contacto con Jesús,
Zaqueo cambia. Empieza a pensar en los «pobres»: compartirá con ellos
sus bienes. Se acuerda de los que son víctimas de sus negocios: les devolverá
con creces lo que les ha robado. Deja que Jesús introduzca en su vida verdad,
justicia y compasión. Zaqueo se siente otro. Con Jesús todo es posible.
Jesús
se alegra porque la «salvación» ha llegado también a esta casa poderosa
y rica. A esto ha venido él: «a buscar y salvar lo que estaba perdido».
Jesús es sincero: la vida de quienes son esclavos del dinero son vidas
perdidas, vidas sin verdad, sin justicia y sin compasión hacia los que sufren.
Pero Jesús ama a los ricos. No quiere
que ninguno de ellos eche a perder su vida. Todo rico que le deje entrar en su
mundo, experimentará su fuerza salvadora.
José Antonio Pagola