|
Los Vivientes
En medio del
Trono, y en torno al Trono, cuatro vivientes llenos de ojos por delante y por
detrás (Ap.4 7).
Esta
denominación de “vivientes” nos lleva a las palabras del Génesis: “Entonces Yahveh Dios formó al hombre con
polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de Vida, y resultó el hombre
un ser viviente” (Gen.2,7).
Estos cuatro
vivientes, pues, simbolizan a los salvados que viven en la gloria de
Dios. Y unos están en medio del Trono, más gloriosos, y otros como a más
"distancia", delante de la Presencia, viviendo una gloria diferente a los
que están en medio del Trono. Son las distintas "estancias" en la Casa del Padre (Jn.
14,2).
Pero
todos ven todo. Nada les es oculto. Por eso se dice que los cuatro vivientes
están llenos de ojos, porque desde allí todo se puede ver, hacia todas las
direcciones. Y cada uno de ellos simboliza matices diferentes que representan a
la totalidad de los salvados.
Simbolismo de los Cuatro Vivientes
El primer viviente, como un león; el
segundo viviente, como un novillo, el tercer viviente tiene un rostro como de
hombre, el cuarto viviente es como un águila en vuelo (Ap.4,7).
El primer viviente, como un león simboliza el poder y la fuerza de todo aquél que
vive en Dios, como Pablo dijo: “No vivo yo sino que es Cristo quien vive en mí”
(Gal.2,20). Este
primer viviente, no luchó solo, sino
con la fuerza de Cristo, el León de la
tribu de Judá (Ap.5,5).
El segundo viviente como un
novillo, el
que vive esta lucha con la inocencia y el vigor de la “Vida nueva” como un
niño: “Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos
pretenderán entrar y no podrán”, (Lc. 13,24) y “de los que son como niños es el
Reino de Dios” (Lc.18,16).
El tercer viviente con rostro como de hombre, simboliza la fraternidad, el Amor y la ternura de aquél
que vive en Dios, de los verdaderos testigos de Cristo. Fue el que siguió la Palabra: “Todo cuanto
hicisteis a uno de éstos hermanos míos más pequeños, a Mí me lo hicisteis” (Mt.25,40).
El rostro de águila del cuarto viviente,
simboliza a todo aquél que se elevó por encima de la vida del mundo, de la
gloria del mundo, de las ataduras de su condición humana. Eligió vivir en la
vida del espíritu. Digamos que simboliza la vida mística. Como Jesús dice: “El
espíritu es el que da Vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que os he
dicho son espíritu y son Vida” (Jn.6,33).
Cada uno de estos cuatro vivientes está en
correspondencia directa con cada uno de los cuatro jinetes que aparecen al
abrir el Cordero los cuatro primeros
sellos, como dije antes, pero que es importante resaltar.
Aunque aquí están diferenciadas estas
características, entendamos que se dan indistinta o conjuntamente en los
salvados. Son sólo símbolos que hablan
de los que han llegado a Dios, aún cuando vivían en el mundo envueltos
en la lucha en la que otros sucumbieron. Nos anima a luchar para llegar a ser
también nosotros de los salvados, de los vivientes.
Los
cuatro vivientes tienen cada uno seis alas, están llenos de ojos alrededor y
por dentro, y repiten sin descanso día y noche: “Santo, Santo, Santo, Señor,
Dios todopoderoso, Aquél que Era, que Es y que va a venir”
(Ap.4,8).
Las seis alas significan la libertad
absoluta, sobrenatural, de los que viven en Dios. Aquí nosotros podemos
movernos en las cuatro direcciones de los cuatro puntos cardinales, pero ellos
con sus seis alas pueden también moverse
hacia arriba y hacia abajo. Es lo que pretendía Satanás que hiciera Jesús,
tirándose de aquél monte (Mt.4,8-11).
Y
los ojos por dentro y por fuera, que
además de ver todo por fuera y a todos los demás, se ven a sí mismos por dentro. Es una
limitación que tenemos aquí: mirarnos a nosotros mismos por dentro.
Y cada vez que los vivientes dan gloria, honor y acción de
gracias al que está sentado en el Trono y vive por los siglos de los siglos,
los veinticuatro ancianos se postran ante el que está sentado en el Trono y
adoran al que vive por los siglos de los
siglos, y arrojan sus coronas delante del Trono diciendo: “Eres digno, Señor y Dios nuestro, de
recibir la gloria el honor y el poder, porque tú has creado el universo por tu voluntad; no existía y fue creado” (Ap.4, 9-11).
La alegría en el cielo por todos los salvados que
dan gloria y gracias a Dios, por cuanto ha hecho para rescatarnos de nuestra
situación de pecado y de muerte. Jesús dice: “Hay más alegría en el cielo por
un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos” (Lc.15,7).
Puedes Consultar el Texto Bíblico Sobre el Tema que Acabas de Leer, en Este Enlace
|