La Verdad de los 7 Sellos del Apocalipsis - Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis - Presentación PDF Imprimir E-Mail

 

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La Verdad de los Siete Sellos del Apocalipsis

 

 

Los Cuatro Jinetes

 

Estos cuatro caballos y estos cuatro jinetes del Apocalipsis que aparecen al abrir el Cordero los cuatro primeros sellos, nos aportan Luz para que distingamos las cuatro formas diferentes en que podemos conducir nuestra vida aquí. Representan nuestro "cabalgar" a lo largo de toda nuestra vida, en nuestro peregrinaje de retorno al Padre, a nuestro Principio.

En nuestro caminar cada uno va llevado, o encima, de  su propia realidad, sus propias actitudes, sus propios defectos, sus  propias creencias, aspiraciones... Israel clamaba a Dios así: “No montaremos ya a caballo, y no diremos más dios nuestro a las obras de nuestras manos” (Os.14,4).  Ellos se percataron  de que vivir por su propia cuenta sin seguir los mandatos divinos era como cabalgar en  cosas  humanas, sin Dios. Y mostraron su arrepentimiento.

Las circunstancias, las situaciones, las respuestas ante los hechos, siempre singulares para cada uno, son diferentes. Por mucho que puedan parecernos semejantes cuando tratamos de encuadrarlas dentro del prisma de nuestro razonamiento, lo realmente cierto es que conforme no hay dos personas totalmente iguales física o psicológicamente, o en cualquiera otro aspecto, también cada realidad personal es irrepetible en todos los sentidos. Cada uno de nosotros cabalga en su propia vida de forma rigurosamente exclusiva, y desde su propia decisión.

Y porque somos diferentes, cada uno tiene como gracia lo más que le conviene para su peregrinaje, puesto que somos peregrinos que vamos camino de una meta. Esta meta será la Casa del Padre, si caminamos en pos del camino que nos ha  mostrado  Dios  desde siempre, y, como culminación de su obra redentora,  enviando a nosotros la Luz del mundo en la persona de Jesucristo, Señor nuestro, que con su Palabra dejó bien claro que sólo hay una  forma de alcanzar esa meta, y es  viviendo en el Amor entre nosotros. Y por encima de todo amor el Amor a Dios, es decir, vivir en la Verdad que es una en el Amor; Verdad que cada uno lleva como sello en su interior, y que siempre encuentra, si la busca.

Así es como se nos muestran esos cuatro caballos. Nos quieren hacer ver  estos símbolos todo lo que esta humanidad, desde el "cada uno" y a través de los tiempos, ha vivido y puede vivir, y lo que se puede encontrar al final  según haya sido su vida de una u otra forma.                                                                                                

Globalizando, estos cuatro caballos en los que se mueven estos cuatro jinetes,  muestran las cuatro formas en que la humanidad puede llegar al término de su vida peregrina, según lo que cada uno eligió. O quizás no eligió, sino que se dejó llevar por su “caballo”, lejos del Camino.

La revelación de hoy nos trae esta palabra inspirada para que reflexionemos en qué y cómo vamos viviendo, porque los jinetes somos todos, cada uno de nosotros, que al llegar al final de nuestro peregrinaje nos encontraremos viendo la Verdad transparente, pura, y contrastando nuestra realidad para sentirnos inmersos en ella.

Y es el momento también de que muchos puedan sentirse rechazados, porque no hayan vivido siendo limpios, y no hayan cabalgado en ese caballo blanco que representa la pureza.  De ahí el color simbólico de los cuatro caballos. “En la medida con que midáis seréis medidos” (Lc.6,38). Cada jinete que cabalga en estos caballos, lleva en sí la medida que se nos da, porque así hayamos medido, valorado, vivido, nuestro cabalgar aquí.

           Veremos al leer estos cuatro primeros sellos que cada una de las visiones comienza con una llamada: “Ven”. Y esa llamada es la atracción poderosísima de Dios hacia cada uno, ya sean los salvados, ya sean aquéllos que no se salven. Todos hemos de comparecer ante la Presencia de Dios en el día final. 

De los vivientes, de los salvados, sale la voz que juzga. Entre estos vivientes están los que reinan con Cristo, (Ap.20,4) los sacerdotes de Cristo. Por eso se dice que se mide “con medida de hombre(Ap.21,18). Y es que los salvados, son reflejo como un espejo, para que desde un plano de igualdad confronten lo que han podido vivir todos los que llegan ante la Presencia de Dios en el día de su retorno.

 

 

 

 

 

 


 
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