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La
Verdad de los Siete Sellos del Apocalipsis
El Quinto Sello
Los Sacerdotes y Mártires por Cristo
Cuando abrió el quinto sello vi debajo del
altar las almas de los degollados a causa de la Palabra de Dios y del
testimonio que mantuvieron (Ap.6,9).
Están
bajo el altar, "lugar" de las ofrendas, "lugar" al
que habrán de llegar los demás mártires por la Palabra, los que habrán de
ofrendar sus vidas testimoniando la Verdad. Así se dice también en el capítulo XX: “Vi también las almas de los que fueron
decapitados por el testimonio de Jesús y la Palabra de Dios”.
Y
estos mártires están debajo del altar, porque encima del altar es
el "lugar" de la ofrenda de
Cristo, el Cordero Inmaculado que abrió
el camino de salvación para todos nosotros.
Se pusieron a gritar con fuerte voz: “¿Hasta cuándo, Dueño santo y
veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin tomar venganza por nuestra sangre
de los habitantes de la tierra?” (Ap.6,10).
Los mártires piden
justicia. Justicia es lo que ha hecho
nuestro Dios para darnos la Vida, enviando a su Hijo que nos justificó del
pecado y venció al enemigo, trayéndonos la salvación. Los mártires de esta
visión piden que sea ya en todos este día.
Y
la venganza que piden es que la
Luz se haga, que el Amor se extienda para que sean los
elegidos vencedores sobre el mal. Esta lucha es con las armas de Dios, no piden
una venganza con el ánimo de los humanos. Todo el que no se salve, es que no ha
querido vivir la Vida
que Dios le ha dado y a sí mismo se condena. El cielo clama justicia, y Dios en
su infinita paciencia espera hasta que el último de sus hijos pueda salvarse.
Pero
antes habrá una gran tribulación. Lo veremos en el sexto sello. Hay un aviso de
Jesús respecto a esto: “Porque habrá
entonces una gran tribulación, cual no la hubo desde el principio del mundo
hasta el presente ni volverá a haberla. Y si aquellos días no se acortaran no
se salvaría nadie, pero en atención a los elegidos se abreviarán aquellos días”.
(Mt 24,21-22). Aún habrá de continuar la lucha, aún habrán de haber más mártires que
habrán de ofrendar sus vidas en testimonio de la
Verdad.
Entonces se les dio a cada uno un vestido blanco y se les dijo que
esperasen todavía un poco hasta que se completara el número de sus consiervos y
hermanos que iban a ser muertos como ellos (Ap.6,11).
A estos mártires se les dan vestiduras
blancas porque han sido puros y están salvados. Pero todavía no es el momento final.
Será después del toque de la sexta trompeta que ya está sonando. Este
quinto sello que abre el Cordero de Dios, es la gracia muy especial para
todos aquéllos que entregarán su vida, y
es una invitación para todos nosotros. Esa entrega, esos testimonios de ellos,
han sido semilla para que otros siguieran a Dios.
Ya
al llegar a la Presencia
de Dios, no habrá necesidad de este sello. La medida que reciben es la
de sacerdotes de Cristo: “Serán
sacerdotes de Cristo y reinarán con Él mil años” (Ap.20,6).
Este clamor
de los mártires pidiendo justicia, nos habla de la infinita misericordia
y paciencia de Dios, que quiere que se salve hasta la última de sus ovejas,
para lo que la permanencia de los que seguirán siendo mártires aquí, es
necesaria porque va a ayudar a que se haga la salvación en otros.
Pero aún
hoy, es tiempo de que el Evangelio se extienda a todo el mundo (Lc.24,46-48). Y es
tiempo de que sigan entregándose mártires por el testimonio de la Verdad, “para que al nombre
de Jesús toda rodilla se doble en los cielos en la tierra y en los abismos, y
toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre” (Flp.2,10-11). Dice: “Toda rodilla se doble”, y aún quedan muchos por llegar ahí,
pues según este versículo aún quedan muchos que habrán de ser mártires. Pero “el príncipe de este mundo está vencido”
(Jn.16,11).
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