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Sexto Sello - Visión de los Salvados por la Sangre de Cristo PDF Imprimir E-Mail

 

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La Verdad de los Siete Sellos del Apocalipsis

 

 

 

El El Sexto Sello

 


Visión de los Salvados por la Sangre de Cristo

 

Después miré y había una muchedumbre inmensa que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del Trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos y gritan con fuerte voz: "La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el Trono y del Cordero". Y todos los ángeles que estaban en pie alrededor del Trono, de los ancianos y de los cuatro vivientes, se postraron delante del Trono, rostro en tierra y adoraron a Dios diciendo: “Amén. Alabanza, gloria, sabiduría acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén (Ap.7-9,12).                                                                                                                             

Esta visión representa a la Nueva Jerusalén. Ahí están todos los que llegan en Dios sin distinción alguna de credos. Alaban y glorifican a Dios como uno solo: de toda nación, raza, pueblo y lengua. Uno en Cristo.

 Y en el cielo los ángeles, los ancianos, que representan la sabiduría, alaban y glorifican, rostro en tierra, reconociendo la gracia de la salvación que el Señor ha concedido a esta humanidad pecadora, como explica la visión del siguiente texto:

 

   Uno de los ancianos tomó la palabra y me dijo: Ésos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han venido?” Yo le respondí: "Señor mío, tú lo sabrás.” Me respondió: “Ésos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero. Por eso están delante del Trono de Dios, dándole culto día y noche en su Santuario; y el que está sentado en el Trono extenderá su tienda sobre ellos  (Ap. 7-13,15).

 

 Templo, o Santuario es cada uno que se abre para que Dios more en él. Ya en la gloria, en la Casa del Padre, en la Jerusalén Celestial, no habrá Santuario porque cada uno ya será Luz en Dios, una perfecta unidad en Él (Ap.21,22-23).

 En este texto se habla de la Nueva Jerusalén que todavía permanecerá aquí, aún estará en su Santuario, y Dios desde su Trono extenderá su tienda sobre ellos, es decir, todo lo que Es Dios, lo da en plenitud a todos los que habrán llegado a ese final glorioso, y en ese momento ellos todo lo reciben. Su corazón está completamente abierto a Dios, es un Santuario perfecto, no como ahora nosotros que unas veces estamos en unión mística y otras veces erramos. Y es así como ya no habrá ninguna clase de mal entre ellos. En ese momento serán todos los que así vivan esta alegría de ser la Nueva Jerusalén:

 

Ya no tendrán hambre ni sed; ya no les molestará el sol ni bochorno alguno. Porque  el Cordero que está en medio del Trono los apacentará y los guiará a los manantiales de las aguas de la Vida. Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos(Ap.7-16,17).

 

           Todavía a nosotros, cuando vemos la Luz nos molesta en nuestro interior, aunque sólo sea en un primer momento, porque vemos nuestros pecados y nos duele; pero aquéllos serán ya puros y la gloria de Dios que viven ellos no permite ningún dolor. Vayamos preparando esa humanidad vencedora del pecado, con Cristo, y que el dolor,  ningún mal, tenga opción de anidar ya en los corazones.

 

 Puedes Consultar el Texto Bíblico Sobre el Tema que Acabas de Leer, en Este Enlace

 

 

                            
 
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