Evangelio Dominical
30 de Septiembre
de 20007
26 Tiempo
Ordinario (C)
Lucas 16, 19-31
Nosotros Somos el Obstáculo
La parábola parece narrada para nosotros. Jesús habla de un
«rico» poderoso. Sus vestidos de púrpura y lino indican lujo y
ostentación. Su vida es una fiesta continua. Sin duda, pertenece a ese sector
privilegiado que vive en Tiberíades, Séforis o Jerusalén. Son los que poseen
riqueza, tienen poder y disfrutan de una vida fastuosa.
Muy cerca, echado junto a la puerta de su mansión está un «mendigo».
No está cubierto de lino y púrpura, sino de llagas repugnantes. No sabe lo que
es festín. No le dan ni de lo que tiran de la mesa del rico. Sólo los perros
callejeros se le acercan a lamerle las llagas. No posee nada, excepto un
nombre, «Lázaro» o Eliezer que significa «Mi Dios es ayuda».
La escena es insoportable. El «rico» lo tiene todo.
No necesita ayuda alguna de Dios. No ve al pobre. Se siente seguro. Vive en la
inconsciencia total. ¿No se parece a nosotros? Lázaro, por su parte, es un
ejemplo de pobreza total: enfermo, hambriento, excluido, ignorado por quien le
podría ayudar. Su única esperanza es Dios. ¿No se parece a tantos millones de
hombres y mujeres hundidos en la miseria?
La mirada penetrante de Jesús está desenmascarando la
realidad. Las clases más poderosas y los estratos más míseros parecen
pertenecer a la misma sociedad, pero están separados por una barrera casi
invisible: esa puerta que el rico no atraviesa nunca para acercarse a Lázaro.
Jesús no pronuncia palabra alguna de condena. Es suficiente
desenmascarar la realidad. Dios no puede tolerar que las cosas queden así para
siempre. Es inevitable el vuelco de esta situación. Esa barrera que separa a
los ricos de los pobres se puede convertir en un abismo infranqueable y
definitivo.
El obstáculo para hacer un mundo más justo somos los ricos
que levantamos barreras cada vez más seguras para que los pobres no entren en
nuestro país, ni lleguen hasta nuestras residencias, ni llamen a nuestra
puerta. Dichosos los seguidores de Jesús que rompen barreras, atraviesan
puertas, abren caminos y se acercan a los últimos. Ellos encarnan al Dios que
ayuda a los pobres.
José Antonio Pagola