Evangelio
Dominical
16 Septiembre 2007
24 Tiempo
Ordinario (C)
Lucas 15,1-32
El Dios de los Perdidos
Jesús buscaba sin duda la «conversión» de todo el pueblo de
Israel. Nadie lo dudaba. Entonces, ¿por qué perdía el tiempo acogiendo a
prostitutas y recaudadores, gente al fin y al cabo indeseable y pecadora? ¿Por
qué se despreocupaba de los que vivían en el marco de la Alianza y se dedicaba
tanto a un pequeño grupo de perdidos y perdidas?
Jesús respondió con varias parábolas. Quería meter en el
corazón de todos algo que llevaba muy dentro. Los «perdidos» le pertenecen a
Dios. Él los busca apasionadamente y, cuando los recupera, su alegría es
incontenible. Todos tendríamos que alegrarnos con él.
En una de las parábolas habla de un «pastor insensato»
que ha perdido una oveja. Aunque está perdida, aquella oveja es suya. Por eso,
no duda en salir a buscarla, abandonando en «el campo» al
resto del rebaño. Cuando la encuentra, su alegría es indescriptible. «La
carga sobre los hombros», en un gesto de ternura y cariño, y se la lleva a
casa. Al llegar, invita a sus amigos a compartir su alegría. Todos le
entenderán: «He encontrado la oveja que se me había perdido».
La gente no se lo podía creer. ¿No es una locura arriesgar
así la suerte de todo el rebaño? ¿Acaso una oveja vale más que las noventa y
nueve? ¿Puede este pastor insensato ser metáfora de Dios? ¿Será verdad que Dios
no rechaza a los «perdidos», sino que los busca apasionadamente? ¿Será cierto
que el Padre no da a nadie por perdido?
La parábola explica muy bien por qué Jesús busca el
encuentro con pecadores y prostitutas. Su actuación con las «ovejas perdidas»
de Israel hace pensar. ¿Dónde se mueven hoy los pastores llamados a actuar como
Jesús? ¿Dentro del redil o junto a las ovejas alejadas? ¿Cuántos se dedican a
escuchar a los «perdidos», ofrecerles la amistad de Dios y acompañarlos en su
posible retorno al Padre?
Nosotros nos creemos más «sensatos» que Jesús. Para nosotros, lo
primero es cuidar y defender a los cristianos. Luego, gritar desde lejos a toda
esa gente perdida que vive al margen de la moral que predicamos. Pero entonces,
¿cómo podrán creer que Dios no los está condenando desde lejos sino buscando
desde cerca?
José Antonio Pagola