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Artículos Médico - Sociales
Agonía, Muerte y Duelo
En una sociedad como la actual, donde la felicidad significa
diversión, consumo, negación del sufrimiento y eterna juventud, le
es difícil enfrentarse y entender el dolor, la incapacidad o la
muerte.
En
nuestra cultura no se considera la muerte como parte de la misma
vida, no existe una psicopatología de la muerte sino una
psicopatología de la vida, nos es difícil aceptar la muerte como
algo inevitable.
El desarrollo
social y tecnológico han incrementado la esperanza de vida, pero
también y de forma paralela han prolongado las fases terminales,
en ocasiones haciéndolas interminables. El ser humano, como ser
vivo más evolucionado, ha conseguido comprender leyes de la
materia y de la vida, pero no ha logrado lo mismo con la muerte.
Queda en el consuelo de pensar que algún día la muerte será
evitable.
Huida y negación de la muerte
. La medicina actual
basa su importancia en el diagnóstico y para ello existe toda una
serie de herramientas tecnológicamente avanzadas e intimidantes.
Llegado el diagnóstico, se pasa al tratamiento médico o
quirúrgico.
Cuando este tratamiento no existe o no es posible realizarlo la
tarea médica se da por finalizada. El médico no acompaña a la
persona enferma hasta el final, no lo considera como un papel
propio, huye de ese final que es interpretado como un fracaso.
Agonía y muerte .
Ante la muerte se provoca una
respuesta de inadaptación emocional tanto por parte del paciente
como de la familia que en ocasiones puede llegar a ser patológica
(no se sabe que decir, no se sabe que hacer, no se sabe a quien
culpabilizar).
De forma similar pasa con las circunstancias que implican una
perdida sentimental (divorcio, emigración, perdida de trabajo) o
física (amputación, mastectomía).
La presencia del médico puede canalizar la sensación de
aislamiento, de soledad y de sufrimiento hacia la tolerancia y la
aceptación.
Reacciones
ante la muerte
Fase I:
Shock, negación y aislamiento.
Constituye la reacción inicial, la persona enferma niega la
evidencia de la enfermedad, mantiene la esperanza del error
diagnóstico. Los pacientes que no superan esta fase realizan un
peregrinaje por distintos médicos, sanadores, etc.
Fase II:
Ira e irritación.
En esta fase se focaliza la angustia responsabilizando a alguno de
la propia enfermedad, se busca una relación causa-efecto. "El
médico tiene la culpa", "mi familia tiene la culpa", En ocasiones
la responsabilización es hacia uno mismo. Esta fase tiene una
pregunta característica, "¿por qué me ha pasado esto a mí?".
Fase III:
Pacto.
La persona enferma intenta negociar la curación. Es una fase corta
y con connotaciones infantiles, donde se proponen negociaciones
con el médico o con Dios a cambio de la curación.
Fase IV:
Depresión.
La persona enferma entra en un estado depresivo ante las
repercusiones que la enfermedad tiene en su propia vida, en la de
la familia, en su actividad laboral, en su vida social. Toma
consciencia de la perdida de la vida. La persona se retrae,
enlentece o anula su vida social, se aísla, se inicia un
progresivo abandonamiento y pueden aparecer ideas suicidas.
Fase V:
Aceptación.
En esta fase la persona enferma reconoce finalmente el problema,
acepta la muerte como algo inevitable.
Actitud ante
el paciente terminal
La actitud del
médico ante el paciente agónico o terminal debe ser la de aceptar,
adaptarse e interpretar al enfermo.
El médico debe
mantener una actitud sincera, ayudando a exteriorizar las
angustias de la persona enferma, valorando en cada momento la
ansiedad del paciente, procurando no interferir en las respuestas
y sin apagar la esperanza.
Es importante
mantener la dignidad y la calidad de vida de la persona enferma
evitando el dolor físico y asesorando y dando soporte al entorno
familiar.
Duelo
El duelo se puede
calificar como un trastorno adaptativo. El duelo comporta un
estado de sufrimiento por la muerte de alguien que es querido.
Incluye también todas aquellas reacciones emotivas o de
comportamiento que se manifiestan ante la perdida de un ser
querido.
Es un proceso que
a pesar de ser doloroso, tras su expresión y aceptación es
curativo. La duración del duelo es variable pero, en líneas
generales, se acepta que puede durar aproximadamente dos años.
Cuando este proceso de adaptación se alarga en el tiempo (duelo
patológico) puede comportar consecuencias y dejar secuelas.
En el duelo se
distinguen tres fases:
Fase I o
inmediata
Es una fase de no aceptación, una mezcla de negación, rechazo y
autoreproche que puede durar entre días o semanas. En esta fase
son características las ideas negativas ("la vida no merece ser
vivida"), la sensación de vacío intenso, la sublimación de los
valores del difunto y de los momentos vitales vividos en común, el
bloqueo psicológico y el deseo solidario de la muerte.
Fase II o
intermedia
En esta fase domina la depresión y el dolor ("sí, es cierto, pero
no lo puedo soportar"). Se inicia la aceptación pero se reviven
los recuerdos. Esta fase puede durar meses o años y es
característico el autoreproche, la visualización del fallecido en
lugares de casa o la visualización de sus pertenencias, la
realización reiterada de tareas o gestos que se sabe eran del
agrado del fallecido y en las personas creyentes se observa un
aumento de la actividad religiosa.
Fase III
estable o tardía
Es la fase de sedimentación y adaptación a la nueva circunstancia,
se asume la pérdida entre el miedo al futuro y la imposición de lo
cotidiano. Se acepta la perdida como algo irremediable y se tiende
a reorganizar la propia vida.
Esta fase puede alargarse entre los 6 y los 12 meses y aparece
hacia el segundo año. En esta fase es característica la sensación
de perdida irreparable, la perdida de interés, la aceptación de la
vida como una obligación, la sensación de vacío y la soledad, la
hipertrofia del ser querido y finalmente la aceptación del nuevo
rol social (viuda, viudo, huérfano...).
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