|
Evangelio Dominical
Insensatez Total
5 Agosto de 2007
18 Tiempo Ordinario (C)
Lucas 12, 13-21
Jesús
conoció en Galilea una grave crisis socio-económica. Mientras en Séforis y
Tiberíades crecía la riqueza, en las aldeas aumentaba el hambre y la miseria.
Los campesinos se quedaban sin tierras y los terratenientes construían silos y
graneros cada vez más grandes y hermosos. ¿Qué pensaba Jesús de aquella
situación?
Como
siempre, habló con toda claridad en una pequeña parábola. Un rico terrateniente
se vio sorprendido por una cosecha que superaba todas sus expectativas. Ante el
inesperado problema, sólo se pregunta una cosa: ¿Qué haré? Eso se
preguntan también los campesinos pobres que escuchan a Jesús: ¿Qué hará?, ¿se
acordará de los que viven de hambre?
Pronto
toma una decisión de hombre poderoso: no construirá un granero más. Los destruirá
todos y construirá otros nuevos y más grandes. Sólo él disfrutará de aquella
inesperada cosecha: «túmbate, come, bebe y date buena vida». Es lo más
inteligente. Los pobres no piensan así. Este hombre es cruel e inhumano: ¿no
sabe que, acaparando para sí toda la cosecha, está privando a otros de lo que
necesitan para vivir?
De
forma inesperada interviene Dios. Aquel rico morirá esa noche sin disfrutar de
sus bienes. Por eso, Dios lo llama «necio» y hace una pregunta: «lo
que ha acumulado, ¿de quién será?». Los pobres no tienen duda alguna: esas
cosechas con qué Dios bendice los campos de Israel, ¿no han de ser antes que
nadie de los más pobres?
La
parábola desenmascara la realidad de Galilea. El rico no es un monstruo; hace
lo habitual. Los poderosos sólo piensan en su bienestar. Siempre es así. Los
ricos van acaparando cada vez más bienes y los pobres se van hundiendo cada vez
más en la miseria. Son «imbéciles»: destruyen la vida de los pobres y no
pueden asegurar la suya.
Ésta
es la verdad que el Primer Mundo no puede ya ocultar ni disimular: nos creemos
sociedades inteligentes, democráticas y progresistas y sólo somos unos
«insensatos» crueles e inhumanos, que viven de la miseria de millones de seres
humanos, de la que, en buena parte, somos responsables por nuestra injusticia,
indiferencia o prepotencia.
José
Antonio Pagola
|