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Evangelio
Dominical
22 Julio 2007
16 Tiempo Ordinario (C)
Lucas 10, 38 - 42
El Derecho a Sentarse
Una vez más, Jesús se
acerca a Betania, una aldea muy cercana a Jerusalén, a hospedarse en casa de
unos hermanos a los que quiere mucho. Al parecer, lo hacía siempre que subía a
la capital. En casa están sólo las mujeres. Las dos adoptan posturas
diferentes. Marta se queja y Jesús pronuncia unas palabras que Lucas no quiere
que se olviden en las comunidades cristianas.
Marta es la que «recibe»
a Jesús y le ofrece su hospitalidad. A continuación se desvive en las múltiples
tareas de ama de casa. Nada tiene de extraño. Es lo que le corresponde a la
mujer en aquella sociedad. Ése es su sitio y su cometido: cocer el pan,
cocinar, servir al varón, limpiarle los pies, estar al servicio de todos.
Mientras tanto, su
hermana María permanece «sentada a los pies» de Jesús en actitud propia
de una discípula que escucha atenta su palabra, concentrada en lo esencial. La
escena es extraña pues la mujer no estaba autorizada a escuchar como discípula
a los maestros de la ley.
Cuando Marta, desbordada
por el trabajo, critica la indiferencia de Jesús y reclama ayuda, Jesús
responde de manera sorprendente. Ningún varón judío hubiera hablado así.
Jesús no critica a Marta
su acogida y su servicio. Al contrario le habla con simpatía repitiendo
cariñosamente su nombre. No duda del valor y la importancia de lo que está
haciendo. Pero no quiere ver a las mujeres absorbidas por las faenas de la
casa: «Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas. Sólo una es
necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».
La mujer no ha de quedar
reducida a las tareas del hogar. Tiene derecho a «sentarse» como los
varones a escuchar la Palabra de Dios. Lo que está haciendo María responde a la
voluntad de Dios. Jesús no quiere ver a las mujeres sólo trabajando. Las quiere
ver «sentadas». Por eso las acoge en su grupo como discípulas en el
mismo plano y con los mismos derechos que los varones.
Es mucho lo que nos
falta en la Iglesia y en la sociedad para mirar y tratar a las mujeres como lo
hacía Jesús. Considerarlas como trabajadoras al servicio del varón no responde
a las exigencias de ese reino de Dios, que Jesús lo entendía como un espacio
sin dominación masculina.
José Antonio Pagola
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