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La Bíblia
Los Enfermos
Santiago
Si uno de vosotros está triste, que rece. El que esté alegre, que cante himnos a Dios.
El que esté enfermo, que llame a los prebísteros de la Iglesia para que rueguen por él, ungiéndolo con aceite en el Nombre del Señor. La oración hecha con fe salvará al enfermo; El Señor lo levantará y, si ha cometido pecados, le serán perdonados.
Confesáos unos a otros vuestros pecados y pidan unos por otros para que sanen.
La súplica del justo tiene mucho poder con tal de que sea perseverante. Elías era un hombre como nosotros y, cuando rogó insistentemente que no lloviera en el país, durante tres años y medio no llovió. Después rogó de nuevo: el cielo concedió la lluvia, y la tierra produjo frutos.
Hermanos, si alguno de vosotros se extravía lejos de la verdad y otro lo hace volver, sepan esto: el que endereza a un pecador de su mal camino, salvará su alma de la muerte y conseguirá el perdón de muchos pecados.
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