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Evangelio Dominical
MURIÓ COMO HABÍA VIVIDO
1 Abril de 2007
Domingo de Ramos
Lucas 22,14-23,56
¿Cómo vivió Jesús sus últimas horas?, ¿Cuál fue su
actitud en el momento de la ejecución? Los evangelios no se detienen a analizar
sicológicamente sus sentimientos. Sencillamente, recuerdan que Jesús murió como
había vivido. Lucas, por ejemplo, ha querido destacar la bondad de Jesús hasta
el final, su cercanía a los que sufren y su capacidad de perdonar. Según su
relato, Jesús murió amando.
En medio del gentío que observa el paso de los condenados
camino de la cruz, unas mujeres se acercan a Jesús llorando. No pueden verlo
sufrir así. Jesús «se vuelve hacia ellas» y las mira con la misma
ternura con que las había mirado siempre: «No lloréis por mí, llorad por
vosotras y por vuestros hijos». Así va Jesús hacia la cruz: pensando más en
aquellas pobres madres que en su propio sufrimiento.
Faltan pocas horas para el final. Desde la cruz sólo se
escuchan los insultos de algunos y los gritos de dolor de los ajusticiados. De
pronto, uno de ellos se dirige a Jesús: «Acuérdate de mí». Su respuesta
es inmediata: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso».
Siempre ha hecho lo mismo: quitar miedos, infundir confianza en Dios, contagiar
esperanza. Así lo sigue haciendo hasta el final.
El momento de la crucifixión es inolvidable. Mientras los
soldados lo van clavando al madero, Jesús decía: «Padre, perdónalos porque
no saben lo que están haciendo». Así es Jesús. Así ha vivido siempre:
ofreciendo a los pecadores el perdón del Padre, sin que se lo merezcan.
Según Lucas, Jesús muere pidiendo al Padre que siga
bendiciendo a los que lo crucifican, que siga ofreciendo su amor, su perdón y
su paz a todos los hombres, incluso a los que lo rechazan.
No es extraño que Pablo de Tarso invite a los cristianos
de Corinto a que descubran el misterio que se encierra en el Crucificado: «En
Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las
transgresiones de los hombres». Así está Dios en la cruz: no acusando al
mundo de sus pecados, sino ofreciendo su perdón. Esto es lo que celebramos esta
semana.
José
Antonio Pagola
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