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¡Cuán grande
la misericordia y la fidelidad de Dios!
Dios les bendiga.
Comenzaré diciéndoles que le doy
gracias a mi Dios por haberme salvado y perdonado todos mis pecados. Soy
una mujer que nació en el Evangelio, y a la edad de quince años me aparté,
dejando por perdido todo lo que Dios había hecho conmigo. Por varios años
viví entre engaños y mentiras. Me casé siendo muy joven fuera de la
voluntad de Dios sin saber que eso me acarrearía muchos
sufrimientos.
Mi primer esposo me maltrataba y
me hacía sufrir mucho. Aun dentro del Evangelio, mi vida era una mentira o
por lo menos eso era lo que el enemigo me hacía ver. Después de año y
medio de vivir con este hombre llegué a odiarlo con todo mi corazón y lo
único que deseaba era verlo muerto. Mi vida ya no tenía sentido y como me
maltrataba tanto y me golpeaba, ya yo no quería seguir viviendo. Siempre
estuve dentro y fuera de la iglesia pero nunca me olvidé del Señor, aunque
no le servía como El quería y como debía de ser.
El enemigo ya había puesto en mi
mente que le quitara la vida a mi esposo mientras el dormía, y sentí un
gran temor. Le pedí a Dios que me iluminara como una vez más lo hizo, y
decidí alejarme de él antes de terminar en la cárcel, pues a todo esto, no
estaba pensando en mi hijo que contaba a penas con un año de vida. Cuando
mi esposo me golpeó por última vez me causó con sus golpes, que perdiera a
mi segundo hijo. Fueron unos momentos bien difíciles, y cuando me
encontraba desangrando, y creía que mi vida se acababa me di cuenta de que
no podía seguir viviendo con una persona que no me amaba, sino que me
tenía como si fuera una sirvienta. Le pedí que me llevara al hospital; me
dijo que no me llevaría, que yo no valía lo suficiente como para que él se
molestara en llevarme al hospital y que si esperaba que él me llevara me
iba a morir porque él no lo iba a hacer.
Verdaderamente estaba
pagando por mi desobediencia, pero yo sé que en medio de todo esto Dios
estaba conmigo, que no me había dejado porque puso a una persona en mi
camino, que aunque no era cristiano y no conocía de Dios se compadeció de
mí y me llevó al hospital aunque ya era demasiado tarde pues ya había
perdido mi bebé. En ese momento el odio creció dentro de mí y realmente,
llegué a odiar a mi esposo hasta la muerte, al final decidí dejarlo aunque
me costara la muerte ya que me había amenazado con matarme si lo dejaba.
Pero no podía seguir viviendo así, amaba demasiado a mi hijo y comprendí
que amaba demasiado a Dios como para cometer un error que me costaría mi
libertad y sobre todo la salvación de mi Alma. En esos momentos Dios me
dio el valor de tomar la decisión de abandonarlo y hasta el día de hoy
estoy viva gracias a la misericordia de Dios. Mi esposo me buscó
para hacerme daño pero nunca me escondí porque yo sabía y sé que "El que
está conmigo es más poderoso que el que está en el mundo."
Después de
esto le serví al Señor
varios años pero nuevamente me aparté, y aunque no le serví por un
promedio de 10 a 12 años, nunca estuvo el Señor lejos de mí; siempre lo
sentí cuidándome y cerca de mí. Sé que me amaba a mí aunque no le agradaba
el pecado que yo cometía; nunca fui una persona dada a la bebida, ni a la
droga, ni fui una persona dada a hacer lo malo, pero no le servía a Dios
como se debe.
Dios me trajo mi actual compañero
de 22 años, con quien tengo tres niños. Cuando tuve a mi tercer hijo,
estuve en intensivo por 19 días. Los doctores no me aseguraban ni a mí ni
a mi niño ya que fue un embarazo muy delicado, desde el comienzo. En el
momento del parto los doctores se dieron cuenta de que tenía gemelos; uno
falleció e hicieron lo posible por salvar al que nació vivo. Le doy
Gracias a Dios por mi hijo y le pido que siempre lo ayude aunque en estos
momentos se siente confundido con las presiones por las cuales pasan los
jóvenes; el Señor lo usa por medio del canto, y aunque está retenido yo sé
que Dios va a romper las cadenas.
Hace ya para dos años y medio que
a mi esposo se le diagnosticó cáncer en los pulmones. Fueron unos momentos
bien fuertes al principio ya que mi esposo ha sido un fumador por mas de
25 años. Nosotros nos reconciliamos con el Señor hace 6 años y medio, de
los cuales les digo que han sido los más hermosos que he tenido, porque en
medio del quebrantamiento, de la prueba de la lucha y aflicciones, Dios ha
sido nuestro refugio y fortaleza.
Para el año 1995, después de la
muerte de mi suegra, mi esposo perdió la mente y estuvo recluido en un
hospital mental, pero gracias a la misericordia del Señor pudo recuperar
pronto. Aunque ha sido un hombre bendecido por Dios, hubo un tiempo en que
no quería dejar de fumar pero él quería servir a Dios en espíritu y en
verdad y le pidió a Dios ayuda. Una vez más vi cómo la mano de Dios obró
de una manera especial. Aunque aun está el cáncer, he visto cómo Dios ha
obrado de manera especial. Pues Dios le dijo que esa fue la única manera
que El encontró para que él pudiera dejar de fumar y serle
fiel.
Muchas personas creen que las
enfermedades son un castigo, pero yo no lo veo así, porque desde que Dios
puso su mano bendita sobre mi esposo así también he visto que El es
supremo y único. Cuando El ama a un ser humano como no quiere que se
pierda, El hará lo que considere necesario para que esa persona se salve.
Todo esto suena fuerte, pero yo soy un testimonio vivo de lo que Dios hace
por Su amor a la humanidad. Si Dios no hubiera amado a mi esposo, y no
hubiera permitido lo que ha permitido, mi esposo hubiera muerto sin
salvación. Hoy en día mi esposo es un hombre dedicado al servicio del
Señor. Se ha dado al Evangelio en espíritu y en verdad, y puedo ver la
mano de Dios obrando cada día en su vida y en la mía. El Señor nos ha
hecho promesa que El ha de cumplir en su tiempo; entre ellas el que ha de
sanar a mi esposo, cuando sea el tiempo. Pero mientras la vida de mi
esposo esté escondida en las manos del Señor yo se que todo está bien.
Pues Dios nos vino a dar vida y vida en abundancia.
Espero que este testimonio
sea de ayuda espiritual a otros, y si hay alguna dama que esté pasando por
el abuso y el maltrato, no permita que eso continúe, pues Dios no nos
llamó a yugo de esclavitud. Aunque yo tuve el valor de dejar a mi esposo
con la ayuda de Dios, no les estoy diciendo que hagan lo mismo, pero sí
les digo que confíen en Dios como yo lo he hecho y he visto Su
gloria manifestada en mi vida. Le estoy eternamente agradecida al
Dios del cielo que me rescató del pecado y me hizo una nueva criatura.
Ahora, para la honra y gloria de mi Dios persevero en el Centro
Evangelístico Pentecostés, del Movimiento Misionero Mundial; soy maestra
de juveniles, pertenezco al coro de damas de mi confraternidad, y sobre
todo soy una predicadora del Evangelio de mi Dios. Y les digo la verdad
soy una persona muy feliz sirviéndole al Señor. Dios les bendiga ricamente
hoy, mañana y siempre. Hna:Gladys
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