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Apunte - TESTIMONIO - De Vender Licor a Vender Ordenadores PDF Imprimir E-Mail

 

De Vender Licor a Vender Computadoras

 

Todo comenzó cuando me entregué en los brazos de JESUCRISTO. Mi esposo y yo teníamos una licorería muy lucrativa y famosa. Mi esposo tenía ese negocio hacía 12 años de los cuales yo trabajé 7 dándole a las personas veneno del diablo, pero mi amado Jesús tuvo misericordia de mí. Empezó mi lucha interna.  Lo que me enseñaban en mi Iglesia y yo lo hacía no comprendia cómo salir de esto. Mi alma se aflia cada día. Algunos hermanos tampoco lo entendían y me juzgaban, pero lo que nadie sabía era que mi esposo me obligaba a estar allí ya que no es cristiano y me manipulaba diciéndome que si no lo ayudaba no podía ir a la iglesia y eso para mí era morir.

Pasaron 2 años y me enfermaba constantemente ya que la luz y las tinieblas no tienen comunión; los demonios se manifestaban y me insultaban. Pasé momentos duros hasta que un día el Señor me muestra en un sueño que tenía que predicar su palabra en ese lugar, pero el enemigo me decía acusándome, que cómo yo haría eso si yo les vendía el licor a las personas. Pero el Señor insistía y empe a predicar a los bebedores, prostitutas y niños de la calle que pululaban en ese lugar y debo decir que ví la gloria de DIOS porque ninguno rechazó la palabra y confío que ésta no regresa atrás vacía.  Luego de esto, pasaban los días y a veces me angustiaba porque yo no salía de ese lugar donde ví la necesidad que tiene el ser de Dios.

Mi esposo, sin explicación aparente, empezó a cansarse y a no querer estar allí.  Tampoco él no lo comprendía pero yo sabía que ese sentir lo puso el Señor. Un día desarmó el negocio, ni siquiera lo vendió, no quiso esperar; dijo, no vendo más licor y punto. Jesús lo hizo otra vez; me libró de una agonía diaria y para su honra y su gloria ahora tenemos un negocio de computación, a los 2 meses de desarmar esa licorería. Él lo hace todo perfecto porque yo, en ningún momento obligué a mi esposo; fue Jesús quien puso el sentir en él para que nadie diga que fue el hombre, y toda la gloria es para el Rey.
 

 

Mi Testimonio: Confiando en Dios como un niño

 

EL DIOS VIVIENTE - Palabra fiel es ésta; añada Dios bendición a esta palabra y que pueda servir de aliento a toda persona que pueda recibirla; y aumente la fe y comprenda que a los que confían en Jehová todas las cosas obran para bien. 

Con mucha frecuencia oímos esta expresión: "El Dios Viviente", pero nos olvidamos de ella. Sabemos que Dios es un Dios vivo y que en cada momento de nuestras vidas El está presente. Que El es soberano y tiene poder y que su mano no se ha cortado. Sus milagros son los mismos para aquellos que en El confían y esperamos en El. Hagamos sus promesas nuestras. El no cambia. Es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Rindámonos en sus brazos de amor; depositemos en El nuestras cargas y esperemos con toda confianza, creyendo. Ten fe y confía y camina con El y nada te faltará.

No importa qué clase de tribulación tú estés pasando, Dios está contigo y con todos los que invoquemos su Nombre. "Estad quietos y reconoced que Yo soy Dios" dice Su Santa Palabra. Ni en las dificultades ni en las pruebas El me ha faltado. Hoy yo puedo testificar que he sido probada y he podido resistir. 

Hace más o menos seis años me atacó una enfermedad que me sentó en una silla de ruedas. Fui al doctor, me hospitalizaron y todos los exámenes daban negativo. Mi fe me sostuvo, siempre tomada de la mano de Dios y cofiando en Su gran poder, ya estoy fuera de peligro. De la silla de ruedas pasé a caminar con un andador, luego con un bastón y ahora camino del brazo de mi esposo. 

Nunca perdí la fe en mi Señor Jesucristo y aun cuando estaba enferma asistía a la Iglesia, cumpliendo así, los ministerios que el Señor me ha dado: el de los niños, Escuela Bíblica de adultos, como superintendente, el coro de la Iglesia donde cantaba.

Debido a mi condición, no he podido trabajar en la obra del Señor, pero siempre confiando en El, dándole gracias todos los días por mi sanidad. Confiando que un día, no muy lejano, pueda yo volver a trabajar, haciéndome cargo de los ministerios que el Señor me ha dado, especialmente el de Evangelismo, rescatando almas para Cristo, lo cual también hacía con un grupo de hermanos de la Iglesia. 

Yo me gozo en hablar de las maravillas que Dios ha hecho en mí, y digo a todos que no importan las pruebas y tribulaciones, nada es comparable a la gloria venidera que me espera a su lado, cuando El venga a buscar a sus redimidos, a los que en El hemos creído y con fe hemos esperado. Dejemos a Dios actuar, que podamos responder a Su llamado y con gran gozo decirle: "Señor, aquí estoy, he peleado la buena batalla y con tu ayuda he vencido, en tu nombre he vencido. Con mi fe puesta en Tí."

Estas son las palabras de amor y agradecimiento a mi Dios y a su Hijo Jesucristo, mi amado Salvador. Para El sea toda la gloria, honra y poder.

Este es mi testimonio, fiel y verdadero. Oro al Señor para que le pueda servir de aliento a quienes puedan estar pasando por alguna situación similar a la mía. Dios les bendiga.

 


 


 

 

    

 


                                                                                         


 

 
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