|
Varios años atrás, mi hija mayor,
comenzó a padecer de una alergia que cuando le atacaba, toda su cara se
deformaba con una hinchazón tremenda. La picazón era insoportable. La
llevamos a un especialista quien le recetó varios medicamentos. Los mismos
parecían no surtir efecto alguno ya que su condición continuaba
manifestándose cada cierto tiempo y empeorándose. Esa alergia es de tal
seriedad que si ataca el área de la garganta, el paciente puede quedar sin
aire para respirar y asfixiarse.
Un día mientras sufría con la
condición, se despertó a media noche desesperada, se miró al espejo y
estaba bien hinchada; dobló sus rodillas, alzó su rostro al cielo y clamó
al Dios Todopoderoso confesando con FE la palabra de sanidad: "Por Sus
llagas yo me declaro sana en el nombre de JESÚS, Gracias Señor, porque
estoy sana, Tú me sanaste"
Se acostó a dormir, y por la
mañana, tan pronto despertó corrió al espejo a mirarse el rostro, con la
convicción en su corazón de que había sido sanada. EFECTIVAMENTE, su
rostro estaba completamente normal, libre de toda hinchazón. De eso hace
más de 12 años y jamás mi hija ha vuelto a padecer de tal condición, para
la gloria de Dios. Desde aquel día la alergia desapareció por completo y
para siempre.
El tiempo de los milagros no ha
pasado. JESÚS es el mismo ayer, hoy y por todos los siglos. Todavía Dios
honra su Palabra; El no es hombre para que mienta ni hijo de hombre para
que se arrepienta. El es el FIEL y VERDADERO y su Palabra es SI y
AMEN.
¿Padeces de alguna condición que
está afectando tu cuerpo? El Señor sana todas nuestras dolencias, El llevó
todas nuestras enfermedades en su cuerpo, sufrió nuestros dolores,
para que nosotros, por la FE en esa palabra, recibamos la sanidad que El
ya nos dio hace más de 2000 años en la cruz del calvario. ¿Lo crees? "Para
el que cree todo es posible" "Nada hay imposible para Dios" LUCAS
1:37 "No temas, cree solamente" MARCOS 5:36
Jesús: Nuestro Sanador
Mi hijo Javier también ha sido
testigo del poder de Dios. Estando con un grupo de hermanos en la fe
participando de un día de oración y estudio de la palabra, había entre
nosotros una mujer de nacionalidad judía con un padecimiento en la
espalda. Un hermano oró por la condición de esta persona, a quien se le
descubrió que tenía una pierna más larga que la otra; le pidió que se
sentara y confesó la palabra de sanidad sobre ella. Inmediatamente la
pierna corta se puso a la par con la otra. Casi todos estábamos orando con
los ojos cerrados, pero Dios quería que hubiese un testigo ocular del
milagro, y éste fue mi hijo. El vio con sus propios ojos cuando la pierna
de la mujer se alargó. En aquel momento, siendo casi un niño, se maravilló
tanto que su fe fue grandemente fortalecida, tanto él como todos los que
estábamos allí.
No sabíamos que más adelante,
varios años después, él mismo iba a ser el protagonista de una sanidad en
su pierna. Mientras jugaba baloncesto, deporte que siempre le apasionó y
en el cual se destacó, sufrió una lesión en una de sus rodillas (1 nov.
1985). Le vio un médico quien le ordenó que no afirmara con esa pierna en
el piso y que se valiera de unas muletas para moverse, cosa de que no se
lastimara. Le sentenció diciéndole: "vas a usar esta rodillera especial por un mes, si al final del mes
no te recuperas, tengo que operarte y ponerte dos tornillos en la rodilla,
y olvídate del baloncesto."
Comenzó a seguir las indicaciones
del médico, pero.... había un juego muy importante pendiente de
celebrarse, precisamente en ese tiempo en que él estaba incapacitado para
jugar. Era la etapa final de la serie y él quería participar en el mismo a
como diera lugar. Faltaba un día para ese evento ... y Javier, estando en
el pasillo de nuestro hogar apoyándose en las muletas, confesó con fe la
palabra de salud: "Ciertamente llevó El nuestras enfermedades, y sufrió
nuestros dolores; y ........... por sus llagas fuimos nosotros curados"
ISAÍAS 53:4-5
Inmediatamente soltó las muletas
y comenzó a caminar diciendo que si el Señor había llevado su condición en
la cruz del calvario, él no tenía porqué sufrirlo. Se declaró sano por el
poder de la palabra. (24 de noviembre de 1985 a las 3:00 PM)
Al otro día asistió al juego de
baloncesto participando en el mismo y llevando a su equipo a una victoria.
No hubo necesidad de operación, ni de rodillera, ni ninguna otra cosa;
solamente de agradecer a Dios sus bondades y bendiciones que de día en día
derrama sobre nuestras vidas, sin merecerlo. Hasta el día de hoy está
completamente sano. ¿Quién lo hizo? CRISTO. A El damos Gloria, Honra y
Alabanza. ¡Sea Su nombre exaltado! Ese es
el Dios que predicamos y no nos cansamos de predicar.
.
Sanada instantáneamente por el poder del Espíritu
Santo
El testimonio que sigue fue mi
propia experiencia vivida también hace varios años. Habiendo culminado en
victoria varios días de ayuno, físicamente mi cuerpo estaba algo
debilitado. Me vino la regla de todos los meses, en esa ocasión
profusamente. Me levanté por la noche para asearme y sin saber cómo, sufrí
un desmayo. Al caer al piso, mi cabeza sufrió un golpe violento en el área
de la nuca y comencé a convulsar. Mi esposo, al escuchar el golpe, corrió
hasta donde me encontraba postrada y al ver mi condición comenzó a orar y
a clamar a Dios.
Yo estaba ajena a lo que él
hacía, pues ni lo veía ni escuchaba, pero, mientras tanto estaba viviendo
una experiencia de lucha con las tinieblas. Todo estaba oscuro y solo
podía sentir la asistencia del maravilloso Espíritu Santo ayudándome en mi
debilidad. Me urgía el Espíritu a que confesara audiblemente el nombre de
Jesucristo. Trataba de hablar pero no podía pronunciar palabra, pues mis
cuerdas vocales fueron afectadas; sólo salían de mis labios unos balbuceos
ininteligibles. Seguía el Ayudador asistiéndome y con mucha urgencia me
mostraba en el espíritu que tenía que decir: Jesucristo. Yo seguía
tratando de hablar sin lograrlo, hasta que, con Su ayuda pude
pronunciar el nombre que es sobre todo nombre; con poder y autoridad,
mencioné en alta y clara voz el nombre de JESUCRISTO. En ese mismo
instante terminó la batalla, todo se hizo claro y pude ver a mi esposo
arrodillado frente a mí; me paré inmediatamente del piso y mi esposo me
colocó en la cama, ambos agradeciéndole a nuestro Dios por el milagro que
acababa de ocurrir.
Fuimos al médico a que me
examinara quien ordenó enseguida se me hicieran unos estudios de rayos x.
Para la gloria de Dios, todos los resultados fueron negativos. Estuve
varias semanas con dolor en el área de la cabeza por causa del golpe y
como seis meses con la garganta afectada. Pero, gracias a Dios, al cabo de
ese tiempo todo mi cuerpo estaba en completa normalidad. Han pasado años
desde entonces y jamás he padecido de nada que pudiera relacionarse con
esa experiencia. Nunca me cansaré de agradecer a mi Dios por haberme
librado de una condición en que pude haber quedado en
esatdo vegetal para siempre. ¡Gloria a Dios por Su Espíritu Santo a
quien El envió para glorificar el nombre de JESÚS! ¡Sea el Nombre de JESÚS
alabado y exaltado por siempre!
El Espíritu Santo, no es un
viento, no es una fuerza, ni tampoco un pensamiento; es una Persona, la
tercera de la Santísima Trinidad. Es Dios y vive en todo aquél que le ha
dado su corazón a Cristo JESÚS. Es nuestro Ayudador quien está presto a
darnos la mano en todo, las 24 horas de cada día. No menospreciemos su
presencia y su ayuda en nuestras vidas. Porque "no es un espíritu del
mundo lo que hemos recibido, sino el Espíritu que proviene de Dios, para
que sepamos lo que Dios nos ha concedido" 1CORINTIOS 2:12
Espero que esta experiencia
contribuya a que tu FE se afirme y fortalezca y que tu confianza en Dios,
en medio de cualquier circunstancia, permanezca. Dios no ha cambiado; El
es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Sigue sanándonos, ayudándonos y
mostrándonos que lo necesitamos en todo y por todo. Sin El nada somos y
nada podemos hacer.
|