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DIOS BUSCA VALIENTES
“Naamán, general del ejército del
rey de Siria, era varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima,
porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre
valeroso en extremo, pero leproso.”(2Reyes 5:1)
Naamán, general del ejército de
Siria, era un hombre con títulos, importante y poderoso. Pero le faltaba creer
en Dios. Valeroso en extremo, pero leproso. En ese entonces se llamaba lepra a
todo problema de la piel, tal vez era una reacción alérgica sin explicación para
los médicos; no lo sabemos. Lo cierto es que Naamán tenía algún tipo de afección
en su piel y no lo podía resolver.
“Y de Siria habían salido bandas
armadas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual
servía a la mujer de Naamán.”(2Reyes 5:2)
Los sirios (el pueblo de Naamán)
invadían y arrasaban con todo, llevándose bienes y cautivos. Entre éstos había
una muchacha israelita, una joven de fe, que servía a la esposa de
Naamán.
“Esta dijo a su señora: Si rogase mi
señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su
lepra.”(2Reyes 5:3)
A pesar de su condición de
esclava, la jovencita conservaba intacta su fe en el Señor y estaba dispuesta a
contar sus maravillas. ¡Qué fe determinante!¿Somos capaces de decir a nuestros
vecinos o amigos algo semejante? En Jesús está la respuesta a toda
necesidad.Dios está
buscando gente atrevida, que se juegue, personas capaces de vencer la timidez.
No puede usar a miedosos y temerosos. Él bendice a los valientes, a los audaces,
a los que se animan.Me gusta pensar que cuando Naamán
fue sanado (por el consejo de la esclava) y volvió a su casa, adoptó a la
muchacha como su hija y la trató desde ese día como una princesa.El Señor levanta y distingue al
que soporta la lucha.¿Qué tan grande es tu
Dios?El Dios que sanó
a Naamán es el mismo que hoy puede librarte.Animémonos a salir del ostracismo,
Dios que abramos caminos por donde corra Su Palabra, que demos la
cara.
“Porque no nos ha dado Dios
espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio
propio.” (2Timoteo
1:7)
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